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La pirámide del aprendizaje

Poder, querer, saber aprender... y demostrarlo

Pirámide aprendizaje
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Cuando se habla de transformación digital surgen inmediatamente conceptos como gestión del cambio, entorno variable, innovación como actitud y aprendizaje continuo. Si el mundo, nuestros clientes y nosotros mismos provocamos y asumimos cambios constantes, parece lógico pensar que “sobrevivirán” no solo los que antes se adapten al cambio, sino los que sepan aprender de lo que ocurre más rápidamente.

Los profesionales más seguros de sí mismos y más atractivos para las empresas serán aquellos que tengan una actitud Lifelong Learning, y que no solo aprendan conocimientos, sino que adquieran las destrezas y habilidades necesarias para entender por qué ocurren los errores y, por tanto, evitar caer en ellos de nuevo.

La curva de aprendizaje y puesta en práctica de lo aprendido se va a acelerar, mientras el ritmo y la exigencia laboral se intensifican. Por todo ello, los modelos de aprendizaje in company tienden a hacerse cada vez más prácticos y orientados al desempeño. Surgen universidades corporativas y escuelas específicas (de habilidades de liderazgo, comerciales, de innovación, de digitalización), se diseñan itinerarios de aprendizaje personalizables y flexibles, se avanza hacia microcontenidos multidispositivo combinables y directos pero… ¿Cómo hacer que los profesionales realmente quieran aprender?

En su obra “Aprender de los campeones”, Pep Marí Cortés, jefe del Dpto. de Psicología del deporte del Centro de alto rendimiento deportivo de Sant Cugat (Barcelona), analiza los principios que aplican de los deportistas de alto rendimiento para lograr el éxito. Según Marí Cortés, los aspectos psicológicos que intervienen en la construcción del rendimiento de una persona se estructuran en una pirámide con cuatro escalones: poder aprender, querer aprender, saber aprender y el último pero sin embargo más importante, demostrar lo más aprendido.

ESCALÓN 1: PODER APRENDER

La base para poder hacer algo es que el estado de ánimo sea positivo y regular. Una persona capaz de encontrar y mantener el equilibrio consigo misma y respecto al entorno goza de un alto nivel de autoestima y de una estabilidad emocional que le permite asumir nuevos retos con energía. Los expertos hablan de una relación directa entre el número de horas que un individuo dedica a las llamadas “fuentes de autoestima” (actividades a las que dedica voluntariamente su tiempo porque le producen placer) y su estabilidad emocional. Dichas actividades –profesionales, académicas, personales, sociales, familiares – son importantes para la persona ya que surgen de su motivación intrínseca, y por tanto son una fuente de energía anímica.

No tener tiempo para dedicar a nuestras fuentes de autoestima o no saber cuáles son puede mermar nuestra estabilidad emocional, entendida como la presentación de un mismo estado de ánimo de manera prolongada en el tiempo. Esto impacta directamente en nuestra capacidad de aprendizaje.

Las creencias de una persona son otro elemento que influye directamente en sus capacidades de aprendizaje. Cuanto más rígidas y limitantes sean, menos permeable será el sujeto a situaciones nuevas o improvisadas. Un ejemplo es cuando tenemos que hablar en inglés ante una audiencia. Si de verdad “creemos” que hablamos mal y que no nos van a entender o vamos a hacer el ridículo, perderemos la oportunidad de expresarnos y, sobre todo, de mejorar nuestro idioma.

Otros factores determinantes que componen el escalón de “poder aprender” son el nivel de tolerancia ante tres situaciones: la dificultad, el volumen del trabajo y el estrés.

ESCALÓN 2. QUERER APRENDER

Este escalón está directamente relacionado con la motivación. Para lograr un objetivo es necesario tener claro qué se quiere conseguir y qué precio estamos dispuestos a pagar para lograrlo. Cuanto más ambiciosos y alejados de nuestras capacidades actuales sean los objetivos, mayores serán los recursos necesarios para lograrlos.

A esta dos variables personales se suman los valores compartidos. Para un equipo o un área de una empresa no es suficiente tener objetivos retadores y poner todos los recursos (materiales e inmateriales) necesarios para alcanzarlos.

Si no se comparten los mismos valores y hay diferentes niveles de engagement entre los miembros del equipo (desde “poco implicados”, a “implicados” o “comprometidos”), lo más seguro es que los objetivos más alejados del punto actual no se alcancen nunca.

ESCALÓN 3. SABER APRENDER

En este estrato entran en juego los errores y fracasos con los que inevitablemente nos enfrentaremos, sobre todo si los objetivos planteados son ambiciosos. Tras errar es imprescindible analizar las causas y extraer conclusiones, para no cometer el fallo de nuevo. Un profesional de alto rendimiento procura no caer en el mismo error dos o más veces, sino que aprende por acumulación: está concentrado en lo que hace, se da cuenta de qué causó el error que le hizo fallar/fracasar, y pone los medios para evitar cometerlo de nuevo.

Una persona que sabe aprender es persistente: entrena, practica y continúa hasta corregir el error y pasar al siguiente nivel de conocimiento.

ESCALÓN 4. DEMOSTRAR LO APRENDIDO

En el ámbito empresarial este es el punto crítico, sin duda. No basta con poder, querer y saber aprender: ahora hay que demostrarlo. Cuando un colaborador está delante de su cliente, tiene que actuar con soltura y seguridad para trasmitir que es un profesional que sabe lo que hace, que lo puede hacer bajo cualquier circunstancia, y que además lo hace de modo excelente. Además, aplicará su estabilidad emocional y su autocontrol para transmitir confianza a su interlocutor.

Un profesional de alto rendimiento asume cualquier situación laboral como un reto en el cual puede practicar lo que sabe, estar alerta por si ocurre un fallo, y si así fuera, aprender.

EN CONCLUSIÓN

Según Marí Cortés, las personas mentalmente sanas, equilibradas y con un entorno que sume (o que al menos no reste), son las que mayores posibilidades de aprendizaje y mejora continua presentan tanto en el ámbito profesional como en el personal. Tener claros los objetivos que se quieren lograr, sentirlos atractivos y que impactan directamente en nuestra autorrealización personal, son tres factores que contribuyen a querer aprender.

Saber aprender pasa por comprender por qué cometemos errores, asumirlos, analizarlos y hacer lo posible para no caer en ellos de nuevo.

Y por último, demostrar lo aprendido se puede resumir en aprovechar cada oportunidad de poner en práctica lo que sabemos estando alerta para cerciorarnos de que, efectivamente, hemos superado con éxito la prueba y por tanto estamos listos para enfrentarnos al siguiente nivel del juego.

PARA SABER MÁS:

Photo by Ben O’Sullivan on Unsplash.

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