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Sobre los autómatas. Entrevista con Lluis Ribas Durán.

"Nos fascinan los robots porque son reflejos de nosotros mismos." Ken Goldberg:

Autómata de Lluís Ribas Durán
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Entrevistamos a Lluis Ribas Durán, profesor de mecánica industrial con más de 30 años de experiencia, autodidacta, diseñador y constructor de autómatas, así como conservador del Museo de Autómatas del Tibidabo. Conocimos su maravillosa obra en la muestra «Autómatas» en CaixaForum Madrid (marzo 2024), y agradecemos su amabilidad, generosidad y tiempo para responder a las preguntas de Lateralia.

Lateralia (L). Lluis, muchas gracias por atender a esta entrevista. ¿Podrías por favor explicarnos tu trayectoria profesional? ¿Por qué escogiste los autómatas como medio didáctico?

Lluis Ribas (Ll.R.) Me dedico a la enseñanza desde hace 31 años. Empecé con la formación profesional en el campo de la mecánica industrial, aunque después estuve 16 años impartiendo clases de ESO y bachillerato tecnológico para terminar definitivamente otra vez con las clases de prácticas de formación profesional, ocupando una plaza definitiva de mi especialidad. Antes estuve en empresas del sector sidero-metalúrgico como mecánico o proyectista en oficinas técnicas, en empresas dedicadas a la fabricación de moldes y matrices, pero enseguida me di cuenta que lo de trabajar para otras empresas no era lo mío. Cuando tuve la posibilidad de entrar en la enseñanza gracias a un antiguo profesor con el que me llevaba muy bien y me planteó la posibilidad de impartir clases, no me lo pensé dos veces. Enseguida me di cuenta también que hacer de eslabón en la cadena del conocimiento universal y en concreto del conocimiento técnico, me llevaría a sentirme mucho más útil y realizado como trabajador. De todas maneras, vengo de una familia de agricultores donde el trabajo por cuenta propia fue siempre una constante en las conversaciones de las comidas y familiares en general. Creo que, sin saberlo, me influyó tanto este hecho que, cuando empecé a trabajar para otras empresas nunca me sentí cómodo.

Y en el campo de los autómatas, te diré que yo soy el pequeño de tres hermanos (una hermana) y crecí sólo en una casa agrícola enorme del centro de mi localidad (Castellbisbal). Eso hizo que tuviera que pasar muchas horas aprendiendo a pasarlas con cualquier distracción y, aunque estaba siempre en la calle jugando con los vecinos, en casa las horas se hacían eternas y no paraba de construir cosas haciéndome cada vez más y más autodidacta. En una casa como aquella había de todo porque se guardaba todo. Herramientas, materiales, cajas, estanterías, clavos… Es la herencia probablemente de la necesidad de no tirar nada que pudiera ser útil para cuando viniesen malos tiempos de cosecha escasa y poco dinero. Esta formación “de calle” y a una edad tan temprana, condicionó mi vida para siempre y la manipulación, la observación, el tacto, las texturas, la pátina que deja el tiempo sobre los objetos y, en definitiva, la compartición de estas experiencias con los amigos de la calle, fue lo que me dio el bagaje suficiente para entender que en la vida no se podría prescindir de la construcción y manipulación de objetos para salir adelante.

Muy diferente de lo que es hoy en día en la vida de los jóvenes que, llegan a los dieciséis y sus experiencias manipulativas con objetos se limitan a lo que han hecho en la enseñanza primaria. Esto, sin duda tiene repercusiones cognitivas a nivel de desarrollo intelectual sobre ellos. Son enormemente expertos en el campo digital, pero este campo es irreal, ficticio e intangible.

Es una teoría mía, pero muchos casos de TDH y TDAH se podrían evitar si los jóvenes aprendieran a manipular objetos y crear desde la nada porque el ejercicio con las manos creando o copiando otros modelos es terapéutico. Al fin y al cabo, llevamos siglos manipulando y creando desde pequeños y en veinte años se ha eliminado casi por completo esa faceta tan interesante de nuestro cuerpo y nuestra mente, y hemos pasado a un mundo digital intangible. Tenemos manos que responden a los estímulos de nuestro cerebro de forma precisa. Tenemos la capacidad de reflexión cuando vemos que nos estamos equivocando y somos capaces de reaccionar revirtiendo la estrategia…pero los jóvenes y niños ya casi no manipulan nada a partir de sexto de primaria. Es un cambio muy drástico que puede suponer una involución en la manera de ser y de comportarse de los futuros adultos. Quizás no desde el punto de vista profesional, pero desde el punto de vista emocional, la incapacidad de llevar una idea mental a algo tangible a través de la manipulación de los objetos, me preocupa. 

Por todo esto, para mí la formación profesional fue siempre un bálsamo al cual me aferré. Por esa capacidad que tienen estos estudios para interpolar teoría con práctica, abstracción con manipulación, irrealidad con realidad. Y aquí empieza todo (y disculpa que haya tardado tanto) los autómatas para mi fueron una revelación.

Los autómatas, si nos damos cuenta, no son simples muñecos con movimiento. Tienen una parte muy técnica pero otra muy artística. Está la idea de lo que queremos construir, está el dibujo artístico y el dibujo técnico, está la construcción con todo lo que conlleva (análisis de materiales, precios, tiendas, sugerencias de otras personas, habilidades manuales…) Para mí es el arte y oficio total.

El cerebro humano no distingue entre ciencias o letras. Esto es una herencia también impuesta por los planes de estudio que aún hoy en día influyen a la hora de realizar las programaciones de los textos (en digital o libros). El ser humano necesita comer y beber de todo el conocimiento al mismo tiempo porque sino nos vamos transformando en especialistas con una mochila que sólo carga elementos muy concretos. Los autómatas fueron la tabla de salvación que hizo que mis alumnos entendieran que el mundo no está formado sólo por matemáticas o ciencias o sociales. Ellos entendían que detrás de ese mundo técnico había también un razonamiento estético y que además, se podía construir. Por eso escogí los autómatas para que “aprendieran” a no separar la belleza de las cosas y los objetos, del cálculo y de la ciencia. Que las humanidades, la física, el cálculo, la estética y el arte en general son conocimientos que van cogidos de la mano y son indisolubles. Solo así se puede tener una idea global del mundo y es que desde pequeños se nos enseña que el conocimiento está compartimentado, aunque son caras diferentes de un mismo diamante.

(L) ¿Cuál es la respuesta de los estudiantes cuando explicas los procesos mecánicos a través de estas figuras?

(Ll.R.) La experiencia que yo saqué en su momento fue altamente positiva porque para ellos y ellas no era ir a unas clases de tecnología o de ciencias o de humanidades. Para los estudiantes que tuve en aquellos momentos fue una experiencia única. Ellos no diferenciaban entre los diferentes compartimentos del conocimiento. Para ellos era lo mismo dibujar con el lenguaje técnico que hacer esbozos de lo que sería el autómata, de realizar los cálculos o de empezar a construir y a MANIPULAR materiales y herramientas. Pero la presión de los planes de estudio acabó encorsetando a todo el mundo, incluso a mí que, al final, acabé dando las clases como estaba establecido, y por eso yo continué por cuenta propia en mi casa y en mi taller, haciendo estas pequeñas maravillas que tanto me han aportado. 

Ahora, en mi casa, abro al público lo que yo llamo «El museo más pequeño del mundo». Aquí se pueden ver los autómatas que expongo en las diferentes exposiciones y otros más. Pero también abro el taller y muestro dónde se cocina todo. La mesa de dibujo con el plano más artístico que técnico, los dosieres de cálculos y pequeños esbozos más técnicos que artísticos, los apuntes en los márgenes de los dibujos con reflexiones mías sobre mi idea del mundo; mi mapa del mundo… Es una experiencia para aquellos que, hace ya unos años fueron alumnos míos y ahora vienen con sus hijos y observan el origen de mi estilo particular de enseñar, donde empezó todo. En este pequeño museo está la esencia del niño solo que jugaba en la calle con otros y otras y que, ese juego se profesionalizó hasta hacerlo un modo de vida. Ese juego es lo que me da de comer y me proporciona el sostén necesario para viajar, trabajar e ilusionarme aún, a los 56 años, con vivir. Esas cinco o seis promociones de estudiantes con los que practiqué esa “estrategia” que surgió espontáneamente de mi interior para afrontar unas clases que, al fin y al cabo, nadie nos enseñaba a afrontar, fueron los momentos profesionales más interesantes de mi vida profesional como docente. Y ellos lo saben y a veces hablamos de aquello con los pocos con que me voy viendo por la calle de mi localidad, ahora ya con hijos y profesionales de su especialidad. No sé si les sirvió de algo, el hecho de escucharme con mi estilo particular de entender un mundo diverso, pero no apartan la mirada cuando nos cruzamos y me buscan para hablar conmigo. Yo creo que la experiencia para ellos fue positiva y para mí, altamente satisfactoria hasta el punto de que divulgo esta manera de hacer las cosas a través de mi discurso en las exposiciones itinerantes que voy haciendo como “feriante” de autómatas. 

(L) Históricamente el deseo de crear seres que emularan el comportamiento humano se remonta hasta la antigüedad, si bien es cierto que durante el Renacimiento cobraron una especial relevancia debido a las investigaciones anatómicas de Leonardo da Vinci. Más adelante, la Revolución Industrial trajo consigo avances que permitieron la producción de autómatas más complejos y accesibles. ¿En qué se diferencian específicamente los autómatas previos y posteriores a la revolución industrial?

(Ll.R.) Antes de la Revolución industrial los trabajos eran poco eficientes y con una elevada carga manipulativa. Desde el punto de vista productivo era nefasto porque se limitaba a una economía de subsistencia. Con la revolución industrial y evidentemente con la ayuda del vapor y toda la tecnología que se desarrolló alrededor suyo, se introdujo el concepto de producción. También de esclavitud humana, claro está, pero esto no nos ocupa ahora mismo.

Desde el punto de vista de los autómatas como los que construyó Leonardo y otros, aquellos eran personajes y animales dirigidos al estudio del movimiento y a la “investigación“ de las posibilidades mecánicas o tecnológicas que tenían aquellos seres artificiales. Eran autómatas únicos de los cuales no se realizaba ninguna copia porque al fin y al cabo no tenía sentido. También eran regalos que se hacían a reyes o nobles para obtener favores a cambio, o simplemente estudios que después se utilizaban para otros objetivos, a veces bélicos, otras veces civiles o de cualquier otra utilidad. Los personajes del Renacimiento, en este sentido y refiriéndome a los estudiosos o sabios, también utilizaban los autómatas como máquinas para la distracción y el pasatiempo. Existen algunos artilugios que utilizaban las fuentes de energía conocidas en aquel momento, por ejemplo el viento, el agua o el fuego que, combinados o individualmente, proporcionaban movimiento a esos mecanismos que impresionaban a un público exento totalmente de cultura tecnológica (población de todas las condiciones sociales). Eso hacía que se contratara los servicios de estas personas que vivían de las cortes reales y pagaban sus servicios para planificar estrategias bélicas, para construir canales o aplanar terrenos para la agricultura. En resumen, los autómatas antiguos eran a parte de muy minoritarios, experimentos lúdicos o finalistas para objetivos civiles.

Posteriormente a la Revolución industrial, los autómatas ejercieron un papel muy importante en la automatización de procesos industriales porque el mundo ya se dio cuenta que algunos trabajos eran enormemente aburridos, alienantes e indignos para los seres humanos que se veían explotados y explotadas para realizarlas.

Sé que estoy haciendo saltos muy poco precisos en el tiempo, pero es para simplificar un poco. Debo decir también que una cosa son los autómatas lúdicos y otra cosa son los autómatas industriales encarados y dirigidos a automatizar procesos para, en principio, simplificar el trabajo humano. 

Desde el punto de vista de los autómatas lúdicos, que son los que a mí me interesan como forma constructiva que alberga diferentes especialidades del conocimiento, y entretienen a un público con interés por las cosas, diré que la bibliografía me ha enseñado que los autómatas que van desde 1880 más o menos hasta el 1950 fueron piezas destinadas por una parte a la publicidad de productos expuestos en comercios y escaparates y que actuaban de reclamo, como lo haría hoy en día un efecto visual en una tienda actual. También existía la línea de comercializar autómatas dirigida a familias adineradas que los utilizaban como producto de ostentación y divertimento en las sesiones familiares o con amigos. Sería como actualmente mostrar un móvil de última generación con I.A. que es capaz de realizar todo lo que es impensable. 

Por lo tanto, las diferencias son significativas: una cosa era utilizar los autómatas para el estudio científico (el escritor, el dibujante, el pato de Vaucanson, el proyecto de autómata para simular la circulación de la sangre en el cuerpo humano, el león de Leonardo, el jugador de ajedrez…) y otra es la utilización de estos seres para el comercio y el negocio. Lógicamente, también para exhibirlos en ferias y barracas de las grandes ciudades que al final es lo que a mi me sedujo a emprender esta aventura de las exposiciones.

(L) Se cuenta que Descartes era un gran amante de los autómatas, y que cuando su hija Francine falleció llegó a construir una autómata a tamaño real para suplir su ausencia. Una vez, en un viaje en barco, el capitán la descubrió y la tiró por la borda, estando a punto de hacer lo mismo Descarte con el capitán. ¿Por qué dirías que los autómatas causan tanto rechazo a las personas?

(Ll.R.) Yo creo que todo lo desconocido crea a veces un rechazo de entrada o susceptibilidad. Hasta que no se conoce la ventaja del producto que tenemos delante, de entrada al ser humano nos crea inseguridad por no saber qué efectos tendrá sobre nosotros. Había leído algo sobre esta nota de la historia pero no fui más allá. 

Entre el público de cualquier sesión siempre hay una parte del mismo (pocas personas) que de entrada sienten un rechazo sutil sobre el autómata (la cabezas de porcelana antigua, las ropas antiguas, los movimientos casi humanos…). Después, con mi discurso y la capacidad que tienen estos seres artificiales de demostrar de lo que son capaces, se relajan y piensan que al final lo que están viendo no es más que un espectáculo. Y es cierto. Yo siempre lo digo y es que los autómatas lúdicos solo sirven para pasar un buen rato, aunque entrañen mucho más. Pero eso ya formará parte de la cultura y ganas del público de entender lo que tienen delante. En este sentido tengo muy buenas experiencias porque la exposición con autómatas funciona muy bien, atrae público gracias al boca-oreja, y en general las felicitaciones finales son muchas. 

No en vano los autómatas han participado en muchas películas, obras de teatro, espectáculos de calle, exposiciones científicas. Han estado siempre rodeados de un aura de misterio y se hace lo posible para que así continúe. Es como si el público prefiriese que continuarán como personajes místicos a los cuales prefiere adorar como raros, y no como las máquinas que son.

Los autómatas no tienen alma pero depende del discurso con que se articule ese espectáculo pueden llegar a tenerla. Yo pretendo hacer un espectáculo inmersivo no digital (ahora que se está poniendo tan de moda este concepto) llevándome al público a mi lado y haciendo que se evada de su vida por unos instantes (una hora). Quiero que esos personajes del pasado actúen de catalizadores para que el público de todas las edades sean capaces de evadirse por un tiempo de la vida, muchas veces estándar y monótona. En este sentido, la mayor parte de las veces se consigue pero no siempre.

El hecho de que una máquina nos interpele aunque sepamos que tiene truco, a veces nos causa rechazo. La estética que tienen que va a caballo entre el juguete, el personaje de circo o el arte, o el autómata que hace un número delante nuestro y no es un humano, todo ello nos puede crear un rechazo por no saber donde ubicar esa “criatura”. Yo creo que hay personas que no soportan que una máquina (y están en su derecho) les pueda crear una emoción o nos enseñe algo o nos proporcione un buen momento. Pero la historia está llena de casos así: una pintura puede emocionarnos, una escultura, un vídeo o un simple juego de ordenador puede hacer que nos volvamos violentos o lloremos de alegría. La provocación de las emociones no son patrimonio del ser humano. 

Los autómatas son máquinas diseñadas para “provocar”. Ese es su arte y a veces esa provocación puede resultar molesta. Dependerá mucho de la capacidad que tengamos los humanos de ser abiertos ante lo desconocido y del momento emocional con que afronte una exposición con autómatas. Seguramente, el capitán del barco pensó que el autómata de Descartes podría acabar relegando su autoridad a la nada y que acabaría siendo sustituido por una máquina. Yo creo que razón no le faltaba, si observamos que los vehículos actuales ya pueden funcionar sin conductor o que los barcos y aviones también funcionan con programa automático o piloto automático. Al fin y al cabo, todos esos programas informáticos son la evolución natural de los autómatas. Fijémonos que incluso actualmente, a algunos de los aparatos electrónicos que controlan procesos automáticos, se les llama autómatas programables.

(L.) Algunos de tus autómatas son puramente mecánicos, mientras otros incorporan la electrónica. ¿Qué te permite expresar o explicar unos u otros?

(Ll.R.) Todos me permiten explicar lo mismo. No distingo entre autómatas que sean mecánicos o electromecánicos, o incorporen elementos electrónicos. La finalidad es la misma: hacer pasar un buen rato, divirtiéndonos y observando el movimiento de unos personajes creados para ese fin. Lo que más me gusta de este oficio es el planteamiento de la idea inicial porque al final, para mí, la construcción es un protocolo. Es la culminación de una idea, un diseño y una ejecución manual que me satisface mucho pero que después de treinta años no me aporta nada de diferente porque las leyes de la mecánica o la electrónica son siempre las mismas. Lo interesante es la percepción que el público tendrá de ese autómata. Para mí, cada pase, aunque es enormemente cansado físicamente y muy exigente por intentar mantener la atención de un público diverso en edades, lo importante es crear una emoción aunque dure dos segundos. Esa emoción ha sido diseñada previamente en la cocina del taller y sobre el documento base escrito que tienen cada autómata que construyo. Yo quiero conseguir algo, y utilizo las tecnologías que están a mi alcance aunque con algunas limitaciones autoimpuestas. En este sentido me gustaría poner un ejemplo de como consigo llegar a la emoción con mi trabajo: el autómata “No pares” es aquel que explica mi primer trabajo laboral en el que tenía que construir siempre la misma pieza a lo largo de inacabables jornadas. Pues esta escultura en movimiento ha conseguido hacer llorar de emoción a muchos trabajadores que se sienten identificados con el discurso. La idea no es hacer llorar pero cada uno manifiesta las emociones como puede o como quiere y a mí, ese efecto me congratula con lo que pretendo. Para mí ya es un éxito que alguien haya podido evadirse y comprender que su vida ha valido la pena, cuando seguramente ha pensado muchas veces que su trabajo no sirve para nada. 

Tengo otro autómata dedicado a mi padre. Representa un agricultor que pretende controlar la naturaleza a través de palancas mecánicas que actúan sobre la lluvia, la polinización, el aire y el agua. El discurso va en la línea de que los agricultores son personas que están en el primer eslabón de la cadena alimenticia del mundo, estén donde estén. Y en cambio son un grupo de trabajadores y trabajadoras altamente despreciados por los beneficios irrisorios que obtienen y por la destrucción de su físico debido al tipo de trabajo aún hoy en día duro. Pues bien, cuando expongo este autómata hay muchísima gente que me felicita por el trabajo porque provienen de familia agricultora y entienden lo que quiero decir. Todo son discursos muy simples, que no populistas, pero entrañan un trasfondo muy duro para mucha gente. Y eso lo transmiten los autómatas con el discurso que articulo.

Para terminar, el uso de la electrónica responde más a una simplificación del proceso de construcción que a cualquier otra cosa. La construcción mecánica es altamente pesada, con protocolos muy repetitivos que provocan el aburrimiento y el cansancio físico, especialmente para mí que tengo que alternar la actividad de los autómatas con las clases. Por eso, de vez en cuando utilizo la electrónica; para “saltarme” algunos pasos mecánicos y llevar a cabo mi idea de conseguir una emoción. De provocación. Pero todos los autómatas que he construido, o son solo mecánicos o combinan las dos tecnologías. Nunca he construido un autómata solo electrónico.

(L.) En la actual era de la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas, se nota un retroceso preocupante hacia la comprensión mecánica en el sentido de ser capaces de comprender cómo funcionan las cosas: desde un reloj, a la electricidad o internet. ¿Qué relación dirías que tienen los autómatas con la capacidad de resolver problemas complejos, el pensamiento empírico o la experimentación, que además se resaltan como capacidades clave que las personas tienen que tener en un mundo cada vez más cambiante?

(Ll.R.) Contestada en la primera pregunta, pero quiero insistir en que las capacidades clave de los alumnos solo se podrán conseguir si los nuevos profesores y profesoras están preparados para llevarlas a cabo.

Como docente diría que ya un poco entrado en años, observo que a veces el maestro joven padece de los mismos “errores” que los jóvenes estudiantes. ¿Están capacitados para idear, diseñar y construir? ¿Están capacitados para ejecutar las tres fases de las que hablaba en la respuesta a la primera pregunta? Ellos tampoco han experimentado lo que significa la construcción en base a una idea preestablecida. Son portentos digitales ante los cuales a veces me siento ridículo y en inferioridad de condiciones, pero todo lo que hacen es “ficticio”. No manipulan, no tocan, no se hacen daño, ni se queman, ni prueban la frialdad o calentura de los materiales, su textura…

No pegan nada, no atornillan, no hacen fuerza ni se les rompe aquel mecanismo que llevamos una hora construyendo. Sobre el papel o dentro de la pantalla todo se soporta, todo es posible, pero la realidad es muy diferente. La realidad está hecha de manipulación y tacto. Los jóvenes actuales y entre los cuales la mayoría de docentes de nueva generación, nunca han experimentado lo que significa “construir la realidad”. ¿Cómo van a explicarla? No es culpa suya. Son herederos de una enseñanza diseñada en un mundo digital. Por eso, cuando a veces en CosmoCaixa he realizado exposiciones o talleres para profesores o monitores, se lo han pasado en grande. Y cuando tienen la posibilidad de experimentar manipulando, saben que es el complemento que les falta para llegar a un público apantallado (no soy un negacionista de lo digital y las pantallas. Yo las utilizo pero como herramienta, no como finalidad de vida).

Los autómatas que yo construyo no sirven para solucionar problemas complejos. Para eso están los ordenadores de última generación y son maravillosos, pero hay que dotar a los alumnos de la capacidad de manipular y para esto sí sirven los autómatas, porque para llevarlos a cabo se precisa de capacidad manipulativa y constructiva que implica un orden en los pasos a seguir, un estudio previo, un análisis de lo que queremos conseguir y una construcción. A esto se le llama proceso tecnologico, y hoy en día, en la docencia, casi nadie es capaz de llevarlo a cabo. Pizarra, pizarra y PowerPoint, portátil, móvil, etc… en demasiadas clases.

(L.) En tus talleres y charlas didácticas explicas cada uno de los trucos de magia que hacen tus maravillosas creaciones, que ya hace 150 años fascinaban al público que las observaba en ferias, circos y fiestas populares. ¿Consideras que la capacidad de sorpresa y de atención ha variado desde el siglo pasado a la actualidad, debido de alguna manera a la penetración de los dispositivos móviles en todos los aspectos de nuestras vidas?

(Ll.R.) En los últimos diez años se habla de que los jóvenes tienen un problema con las pantallas pero yo creo que no se supedita a los jóvenes. Los adultos tenemos el mismo problema porque estas máquinas no solo las diseñan ingenieros e ingenieras de carácter marcadamente técnico. Detrás de estas maravillosas máquinas electrónicas hay también la mano de los psicólogos y sociólogos que saben cuales son las debilidades humanas. Por ejemplo, el “clinc” del aviso de whatsapp y que todo el mundo deja de hacer lo que hace para ver quién le está reclamando, es un caso paradójico. O la iluminación de las pantallas que nos hace creer que todo nuestro mundo está a un clic y en un espacio temporal mínimo y reducido a unos centímetros de nuestros ojos. Esto es realmente potente y la mirada del ser humano moderno se limita cada vez más a mirar mundos virtuales y por lo tanto no existentes (no siempre). 

La pregunta que yo me hago desde hace tiempo y a través de mis exposiciones es que cómo es posible que personajes de tecnología antigua y de estética tan chocante, sean capaces de competir aunque sea solo durante una sesión de una hora, con el móvil. Porque los adolescentes que, al fin y al cabo son el público más reacio a los autómatas, están maravillados con ellos. Los autómatas son capaces de mantener la atención, siempre y cuando haya un buen discurso detrás, y son capaces de mantener los móviles apagados. Tecnologías que difieren 150 años entre ellas, y compiten para mantener la atención. 

Yo creo que la capacidad de sorpresa y atención está intacta, pero la problemática social, familias desestructuradas, la persecución del éxito inmediato, y por supuesto la pantalla del móvil que hace que todo esté al abasto a un clic de una décima de segundo, hace que buena parte del público ya ni se plantee que existe otro mundo. Que “su” mundo está en el campo digital y que se van perdiendo momentos vitales detrás de una máquina que la mayoría de veces no aportan nada. Ni bueno ni malo, simplemente el vacío más absoluto y la individualidad como ser humano. 

(L.) En 2005 construiste «Automat no París» para rendir un homenaje a todas las personas que en el pasado y hoy en día realizan oficios manuales y repetitivos. Con la automatización y la inteligencia artificial, se teme que muchos oficios sean reemplazados por máquinas. ¿Qué le dirías a una persona que pudiera estar en esa situación? 

(Ll.R.) Yo llevo tiempo diciéndoles a mis alumnos que no paren de formarse y que no se queden en cualquier empresa que de entrada les paguen un sueldo por hacer un trabajo manual y repetitivo. Esto es lo peor que puede hacer una persona joven porque los trabajos manuales se irán sustituyendo por las máquinas cada vez más inteligentes y con capacidad para decidir dentro del propio proceso de fabricación. Una persona sin formación probablemente podrá trabajar, pero en espacios muy precarizados.

La formación no es buena solo para mantener la mente despierta, sino que lo es también para estar conectados al mundo.

Una persona joven que salga con unos estudios mínimos de ESO o Ciclo Formativo de grado medio y pase a cobrar unos 1000€ de entrada por hacer un tipo de trabajo sin responsabilidad, puede que sea muy satisfactorio porque las necesidades de esa persona en los próximos 3 o 4 años sean mínimas y ese sueldo sea más que suficiente. Pero el tiempo pasa y ,al cabo de 10 años esa situación económica interesante a una edad, no lo será al cabo de 10 años y lo peor de todo es que la capacidad de formarse disminuye con la edad (compromisos, acomodación, falta de tiempo, hipotecas…). Les digo que desde los 18 hasta los 30 van a tener que formarse para ser competitivos los próximos 15 años. O sea, hasta los 45. Pero no solo por eso. La desconexión tecnológica e intelectual es un hecho que sucede a muchas personas. Yo mismo sería incapaz de asumir muchas situaciones laborales hoy en día por edad y por falta de conocimientos.

Es imposible estar a la última en todo, pero a lo que no podemos renunciar es a la capacidad de trabajo. Y aquí sí que me gustaría hacer un inciso que considero muy importante porque yo creo que si llegan otras tecnologías también se necesitarán otros perfiles laborales para implementarlas: nuevos estudios, nuevas carreras, nuevos oficios… pero si se pierde la capacidad de aprendizaje por el acomodamiento de la sociedad de una determinada edad (jóvenes especialmente), se pierde todo.

No se trata de estar pensando permanentemente en el trabajo. Hay que vivir y disfrutar de la vida. Pero la capacidad de aprender es un esfuerzo al que no podemos renunciar porque el tiempo nos puede pasar por encima. Así que a una persona de unos 50 años que ha perdido el tren del aprendizaje por haber estado siempre en trabajos repetitivos, no le diría nada. Todos somos necesarios incluso todos aquellos y aquellas que han estado en lugares de montaje y producción. Pero mucho me temo que la I.A. va a hacer desaparecer una parte importante de esos puestos de trabajo porque las máquinas van a empezar a decidir (ya lo hacen) sobre qué se tiene que hacer y que no. Pero los jóvenes, no pueden caer en ese error y contentarse con un trabajo de baja calificación. No importa la especialidad que sea o la carrera universitaria o el oficio. Lo que importa será la capacidad de trabajo que implicará formarse continuamente para mantener la mente… despierta.

Para saber más: 

Alma de herrero: Lluis Ribas constructor de autómatas

Autómatas del Tibidabo: mitad humanos, mitad robots — Agente Provocador

 

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