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Ventajas de la inteligencia biológica respecto a la inteligencia artificial

"¿Heredarán los robots la Tierra? Sí, pero serán nuestros hijos". Marvin Minsky, revista Scientific American (octubre de 1994).

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La inteligencia artificial está más de moda que nunca. Cada día leemos noticias de grandes avances de todo tipo: desde la victoria de AlphaGo, que en 2016 ganó al campeón mundial de Go, hasta las más recientes que intentan demostrar la capacidad matemático-artística de las máquinas, como la conclusión de la “Sinfonía inacabada” de Schubert por parte de un algortimo (si bien “varios músicos cuestionan la iniciativa de Huawei por artificial y carente de alma”, tal como se indica en este artículo).

La inteligencia artificial nos hace soñar con un futuro prometedor en el que las enfermedades o las catástrofes naturales se podrán prevenir e incluso evitar. Pero, por otro, nos hace temer por nuestros puestos de trabajo. Son muchos los informes que advierten de que muchas personas tendrán que reinventarse para encontrar nuevos trabajos en el entorno de la cuarta revolución industrial.

Sea como fuere, para cada profesional será más importante que nunca la capacidad de aprendizaje constante (Learnability).

Frente a la inteligencia artificial, todos y cada uno de nosotros tenemos una ventaja competitiva aplastante: nuestro cerebro.

Tal y como indica la doctora Nuria Oliver en su discurso de ingreso a la Real Academia de Ingeniería de España en diciembre de 2018, son cuatro las grandes ventajas de los sistemas inteligentes biológicos frente a los artificiales:

  1. En primer lugar, la capacidad de aprender rápidamente, de forma incremental y constante. Esto significa que podemos aprender cosas nuevas con un par de miradas, sin perder lo que ya sabemos y adaptándonos a entornos cambiantes, gracias a la plasticidad de nuestra mente y a la regeneración de las neuronas incluso en la edad adulta.
  2. Por otro lado, nuestro cerebro utiliza representaciones distribuidas dispersas, es decir, solo utilizamos conjuntos pequeños de neuronas en cada momento, que podemos solapar o unir con otros conjuntos de neuronas. De este modo podemos gestionar y decidir rápidamente en situaciones con incertidumbre.
  3. Además, nuestro cerebro tiene cuerpo, es decir, es capaz de integrar toda la información captada por los sentidos y por el sistema motor para procesarla y, lo que es más importante, para actuar.
  4. Por último, la información sensorial es procesada por un sistema jerárquico en diferentes niveles de profundidad usando para ello muy pocos ejemplos, a diferencia de los millones de observaciones que necesita una máquina para poder establecer un patrón.

En definitiva: tenemos en nuestro interior “el arma definitiva” para poder estar siempre por delante de los más sofisticados sistemas de inteligencia artificial. Pero para que sea funcional y efectiva, necesitamos entrenar nuestra inteligencia a diario. Con una rutina de aprendizaje consciente y dirigido, los humanos seguiremos siendo el ser más inteligente del planeta.

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