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Transformación digital: in or out

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Es común equiparar la competencia digital con la tecnología, pensando que saber manejar (más o menos) nuestro smartphone o tener un perfil en Facebook nos hace “aptos” para un futuro digital, global e hiperconectado. Sin embargo, la transformación digital que se está produciendo en la actualidad es mucho más compleja, y afecta a estratos profundos de las relaciones humanas. Los profesionales y, por extensión, las empresas que no sean capaces de adquirir y desarrollar las nuevas competencias digitales que exige este nuevo entorno entrarán en un proceso de obsolescencia y quedarán fuera del entorno competitivo del futuro. Por tanto, la transformación digital de personas y corporaciones va más allá de la tecnología, y supone la revisión profunda de las relaciones, la cultura, los procesos e incluso la estrategia y visión empresariales. Afirmar que “el futuro es digital” significa que no habrá diferencia entre lo analógico y lo virtual, y que ambos se superpondrán formando una única realidad. Aquellas personas y entidades que no sepan desenvolverse en ambos mundos perderán oportunidades de desarrollo o crecimiento profesional: serán analfabetos digitales.

Hacia la figura del profesional digitalmente competente

A corto plazo se van a exigir profesionales que se caractericen no por sus años de  experiencia o por sus estudios formales, sino por su capacidad de aprendizaje continuo y de reinvención ante las nuevas necesidades del mercado. Se necesitarán personas que sean capaces de colaborar, comunicarse y liderar de forma horizontal en estructuras flexibles en relaciones múltiples e interesadas con otros profesionales y empresas. Esto supondrá un cambio importante, ya que implica la evolución desde un modelo de intercambio trabajo-salario basado en las tareas que se pueden llevar a cabo en las horas de permanencia en un lugar físico (modelo heredado de la industrialización del siglo XIX, a un nuevo modelo donde se contratarán los servicios de los profesionales por su aporte de valor diferencial, o incluso a través de modelos de alianzas temporales para el intercambio de servicios/productos o para la realización de proyectos comunes.

Competencias digitales del profesional del futuro

Según el modelo de RocaSalvatella, serán 8 las competencias digitales que un profesional deberá saber desarrollar para desenvolverse en la sociedad digital. Las 8 forman un círculo virtuoso, ya que el dominio de cada una de ellas supone alcanzar un mejor nivel en las demás. Al estar todas orientadas a la obtención de resultados, constituyen igualmente un mapa imprescindible para aquellas personas y empresas que quieran aprovechar las oportunidades del nuevo panorama. Recomendamos la consulta del documento original por su gran practicidad, aunque a continuación enumeramos las competencias brevemente:

1. Conocimiento digital, entendido como capacidad de exploración, aprendizaje y adaptación en medios digitales y utilizando la tecnología disponible en cada momento y lugar (conocimiento ubicuo)

2. Gestión de la información, que implica saber no solo saber buscar, encontrar y discriminar información útil y adecuada, sino también almacenarla y usarla en nuestro beneficio.

3. Comunicación digital, que debe ser permanente, relevante, pertinente y distribuida entre todos los implicados según su expertise y capacidades.

4. Trabajo en red, esa capacidad para mantenernos al día, aprender a aprender, a olvidar, a reflexionar y a compartir con otros en espacios virtuales.

5. Aprendizaje continuo, rompiendo con el estereotipo de que una entidad “superior” (los padres, el sistema educativo, la empresa) da a las personas el conocimiento que deben adquirir, sino que cada cual, en un entorno profesional de aprendizaje (EPL), debe saber encontrar aquello que necesita para su desempeño y desarrollo, aplicando sobre los datos disponibles su capacidad para gestionar la información y comunicarse digitalmente con otros.

6. Visión estratégica, transformando al líder digital en la principal palanca para el cambio. Esta competencia es la que sin duda exigirá un mayor esfuerzo por parte de aquellas empresas fuertemente jerarquizadas a las que tradicionalmente, en un “mundo analógico”, les ha ido bien, pero que deben comprender que las oportunidades en el nuevo entorno digital se encuentran en lugares diferentes a los ya conocidos.

7. Liderazgo en red. El líder del futuro no dirige desde la autoridad o el puesto que se indica en su tarjeta, sino desde la influencia moral y el reconocimiento social, de forma distribuida y delegada, indicando el camino y facilitando los medios. El líder de influencia del futuro tendrá el criterio para orientar desde el rigor de lo que conoce, y la capacidad para lograr la reflexión de un mentor. Es en este punto cuando se empieza a hablar de conceptos como Reverse Mentoring, un fenómeno que cada vez observamos con más frecuencia en las organizaciones exponenciales.

8. Orientación al cliente, ligando esta competencia al nuevo cliente digital que, siempre conectado, exige poder conversar e influir sobre las marcas de manera constante y desde cualquier canal.

Muchas veces habremos oído a algún compañero decir “yo es que no estoy en Pinterest (o cualquier otra red social) porque no le veo sentido”. Más allá de estar en una red, plataforma, comunidad u otra, ser digital significa estar al tanto y comprender lo que ocurre en el mundo HOY, que será muy diferente seguramente a lo que funcionará mañana, y aceptar qué está ocurriendo entre las personas y cómo se está  re-estructurando el sistema. Las crisis son periodos de renovación y se deben entender como oportunidades antes que como amenazas, y vivir en primera persona el proceso es la única forma de no quedarse fuera. Por supuesto que no es fácil salir de la zona de confort, y a menudo dentro de las empresas se habla de ello desde estratos inmovilistas, exigiendo el cambio a otros antes que comenzar por el ejemplo, y no desde lo que es sencillo sino desde lo complejo: procurando un ambiente cultural abierto y transparente y facilitando herramientas y recursos para llevarlo a cabo. Hacer un esfuerzo integral, decidido, consciente, planificado y medido de transformación digital es el primer paso hacia el éxito.

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