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¿Piensas como yo? Seamos amigos en Facebook

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Se dice que Facebook es país para viejos. Que los jóvenes prefieren otras redes sociales más dinámicas y espontáneas, donde no estén sus padres ni quede rastro de lo que opinan o comparten. Que Facebook está de capa caída y que acabará desapareciendo. Nadie está ya en Facebook, o se da de baja hastiado de tanta frivolidad. Facebook es un vertedero de energía, una pérdida de tiempo y un escaparate de vanidades.

Sin embargo, a febrero de 2017 Facebook tiene 1.860 millones de usuarios en todo el mundo, de los cuales 1.230 millones están activos cada día. De los 5 años de nuestra vida que perdemos en las redes sociales según un reciente estudio realizado por la empresa Mediakix en EEUU y que se resume en esta impactante infografía, de media destinamos al día 40 minutos a YouTube, 35 a Facebook y 25 a Snapchat. 35 minutos que parecen pocos, teniendo en cuenta las decenas de visitas que hacemos a nuestro Smartphone cada día, estemos en el coche, en el ascensor, en una reunión o cenando.

Facebook sigue ahí y seguirá durante mucho tiempo. La realidad es que el perfil de usuario ha envejecido. Las personas mayores prefieren Facebook y WhatsApp porque son redes fáciles de usar, con un estilo narrativo convencional. En Facebook escribes, esperas a ver el impacto de lo que has compartido, recopilas “likes” y respondes a los comentarios. Se trata de una conversación tradicional y cómoda, en la que siempre queda la opción de borrar lo que hemos publicado o bloquear a quien piensa diferente.

Buscando la aceptación social y sentirnos reconocidos y parte de un grupo, en Facebook nos gusta rodeamos de personas que piensan u opinan como nosotros. Según la teoría de la ilusión de la mayoría, al seleccionar a personas de pensamiento similar para relacionarnos con ellas en Facebook buscamos confirmación de nuestras creencias, y nos sentimos reconfortados si así sucede, o bien frustrados si ocurre algo que contradice nuestra percepción del mundo. Un ejemplo claro son las elecciones políticas: si hemos compartido con nuestro grupo de amigos y conocidos de Facebook la ilusión de que nuestro partido resultaría ganador, resultará tremendamente frustrante si obtiene malos resultados ya que habremos tenido la percepción –confirmada por el grupo- de que ha ocurrido algo injusto e inesperado.

En Facebook es común aplicar nuestros propios sesgos cognitivos, esos prejuicios que os llevan a interpretaciones erróneas o ilógicas de la información de la que disponemos, otorgando demasiada o nula importancia a determinados aspectos. Algunos de los sesgos cognitivos que más frecuentemente aplicamos en nuestras relaciones en Facebook son los siguientes:

Sesgo de confirmación:

Compartimos noticias y links que confirmen nuestras opiniones, despreciando o infravalorando las que vayan en contra de nuestras opiniones. Es muy común observar cómo alguien comparte una falsa noticia publicada en un “diario zombi” sin base real, y que cuando otro usuario la desmienta con pruebas y hechos objetivos se siga insistiendo con un “sí, pero…”, fomentando teorías conspiratorias absurdas.

Ceguera por falta de atención:

Se buscan detalles específicos que confirmen nuestras opiniones, descartando todo lo que no nos interese. Un ejemplo claro es el de la foto publicada de una mujer musulmana pasando al lado de un grupo de personas atendiendo a un herido tras el atentado del 22 de marzo de 2017 en Londres. Una persona con tendencias xenófobas, racistas o incluso machistas verá una musulmana ajena al sufrimiento de un hombre blanco de otra religión. Estará usando esta imagen para confirmar sus prejuicios, quedándose únicamente con lo quiere ver y obviando empatizar o proyectar qué puede estar ocurriendo en ese momento y lugar concreto. No se imaginará si la mujer está asustada, si está buscando a su pareja herida en el atentado, o si un policía le acaba de decir que pase y no moleste la atención de los heridos.

Sesgo de inclinación a la negatividad y de la profecía autocumplida (Efecto Pigmalión):

En ocasiones leemos en Facebook comentarios de personas que estudian para unas oposiciones, están comenzando una nueva relación o trabajo o bien viajando a otro país… y desde casi el primer momento están justificando el fracaso de su intento. Se da más peso a los sentimientos negativos, actuando de tal modo que el fracaso proyectado acabe convirtiéndose en realidad. Así, cuando ocurra podremos auto justificarnos ante nuestra red de contactos en Facebook con un “ya lo sabía”, “os lo dije” o “es que era imposible”.

Punto ciego:

Se trata un metasesgo que nos lleva a pensar que los sesgos cognitivos que reconocemos en otros no aplican a nosotros mismos (lo que quizás ha ocurrido mientras leías este breve post :-))

En resumen:

Conocer nuestros sesgos y cómo interactuamos con los demás en redes sociales como Facebook nos puede ayudar a pasar de la incompetencia inconsciente (“no sé que no sé”) a la incompetencia consciente (“ahora que sé que no sé, voy a actuar para cambiarlo”). Sin embargo, no siempre es fácil dar o recibir feedback a/de los demás cuando alguien nos dice que estamos actuando sesgados. Reflexionar sobre lo que nos dicen y con qué intención nos puede ayudar a cambiar a mejor, siempre que queramos o que pensemos que lo que ocurre en Facebook nos afecta lo suficiente como para actuar en consecuencia.

Para saber más:

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