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Leonardo da Vinci, homo digitalis

“Si una persona es perseverante, aunque sea dura de entendimiento, se hará inteligente; y aunque sea débil se transformará en fuerte.” Leonardo da Vinci (1452-1519).

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A Leonardo da Vinci le gustaba jugar. Así lo advirtió Sigmund Freud en 1910, cuando concluyó que “a fin de cuentas, el gran Leonardo fue infantil toda su vida en muchos aspectos; se dice que todos los grandes hombros conservan algo del niño que fueron. Siguió jugando también de adulto, y quizá se deba a ello que sus contemporáneos le vieran como alguien inquietante e incomprensible.”

Leonardo es un genio que levanta pasiones. Su obra se considera la máxima representación de la simbiosis entre el arte y la ciencia, lo intelectual y lo científico. Artefactos de todo tipo, anatomía, botánica, artes plásticas… nada escapaba de su curiosidad, convirtiéndole en un “adelantado” a su época, un visionario que aún exige muchos estudios para ser comprendido.

Sin embargo, lo que quizás no sea tan conocida es la verdadera pasión de Leonardo, la más íntima: la cocina. Como buen observador (y estudioso de la naturaleza humana) se daba cuenta de lo poco beneficioso para el organismo que es ingerir grandes cantidades de carne de vaca a diario. Amante de los platos en los que predominasen las verduras, intentó –con poco éxito- reeducar la dieta de sus contemporáneos.

Una historia cuenta que en la taberna de “Los tres caracoles” de Florencia Leonado ofrecía platos de “nouvelle cuisine” en los que disponía con delicadeza geométrica hoja de albahaca adheridas con saliva de vaca sobre rodajas de pan negro. Lógicamente sus clientes no tenían suficiente con semejante menú, con lo que el artista de los fogones optó por incorporar unas finas rodajas de salchicha blanca de Bolonia entre el plan y la albahaca. Cuando los trabajadores elevaron sus quejas, Leonardo solucionó la situación colocando más y más capas de finas rodajas de pan negro con albahaca y salchicha. “Pero esto seguía sin ser suficiente para complacer a los clientes, y Leonardo se libró por los pelos de morir pisoteado por ello cuando invadieron su cocina reclamando un plato más sólido”.

LOS SIETE PRINCIPIOS DE LEONARDO

La anécdota sirve para introducir los llamados “siete principios” de Leonardo da Vinci. Muy muy pocas personas de los millones que poblamos el planeta (en el pasado, en el presente o en el futuro) poseen las capacidades de Leonardo para ser denominados “genios”. Pero… ¿acaso hace falta ser un “genio” para aportar valor diferencial en nuestro círculo íntimo de amistades, familia y trabajo?

Aplicar estos principios nos será muy útil en el entorno actual, donde adquirir nuevas competencias y habilidades es obligatorio para estar “al tanto y por delante” de lo que está ocurriendo en nuestro puesto de trabajo, de mano de la consabida “transformación digital”.

PRINCIPIO 1: CURIOSIDAD

Es el principio básico. Va ligado a la actitud de interrogación constante sobre lo que nos rodea u observamos, llevando lo que nos llama la atención a nuestro entorno. Las ideas son efímeras, por lo que es conveniente, en un mundo cada vez más infoxicado, ayudar a nuestra memoria a recordar qué o quién nos llamó la atención, y por qué. Para ello podemos usar tanto recursos analógicos (con una libreta) como digitales (el bloc de notas escritas/narradas de nuestro Smartphone o un agregador de links como Pocket. Google Keep o Evernote), y de este modo conservar ordenados links, referencias o impresiones interesantes para más adelante.

PRINCIPIO 2. DEMOSTRACIÓN

No basta con que algo se nos haya ocurrido. También hay que llevarlo a la práctica, con perseverancia. La experiencia nos dirá si algo tiene potencial recorrido o no. Técnicas como el Design Thinking puede ayudarnos a visualizar nuestras ideas y convertirlas en un producto o servicio “ensayable”.

PRINCIPIO 3. SENSACIÓN

Seguramente Leonardo era sinestésico, es decir, capaz de asimilar de forma conjunta diferentes tipos de sensaciones de varios sentidos en el mismo acto de percepción. No hace falta tener esa peculiaridad para tener una mayor profundidad de sensación acerca de lo que nos rodea. Pero sí ir más allá de lo que captamos a través de nuestros ojos, y aprender a ejercitar los otros sentidos para reflexionar sobre lo que escuchamos, degustamos, tocamos u olemos.

PRINCIPIO 4. DIFUMINADO

Cabe sospechar, tal y como adelantaba Freud al inicio de este texto, que a Leonardo le gustaba mucho jugar. Su actitud “infantil” (que seguramente le hacía ser considerado un  extravagante entre sus contemporáneos) le llevaba a experimentar y probar hasta encontrar resultados que le parecieran convincentes. La cocina era el campo perfecto para ello, y también la pintura. En su célebre obra “La  última cena” cambió tanto de técnica para conseguir el efecto de “sfumato” y de relieve buscados que a duras penas ha llegado la obra hasta nuestros días.

En el ámbito laboral del siglo XXI, ser capaces de probar, combinar y de “fallar pronto, barato y rápido” nos hace ser más flexibles en un mundo imprevisible y cambiante.

PRINCIPIO 5. ARTE Y CIENCIA

En la actualidad ya hay una fuerte demanda de perfiles STEM por parte de las empresas para ser capaces de dar respuesta a la creciente demanda de servicios digitales (data analysis, ciberseguridad, inteligencia artificial, automatización, etc.) Los perfiles humanistas se combinarán con los más tecnológicos para entender cómo deben comportarse las máquinas, y hacer que la tecnología responda a las demandas, sentimientos y necesidades de las personas que los van a usar.

PRINCIPIO 6. CORPORALIDAD

Cada vez las empresas ofrecen “más servicios wellness” con los que sus profesionales pueden cuidar su cuerpo aparte de su mente: fisioterapeuta, actividades deportivas comunes, mindfulness, etc. Está claro que cultivar hábitos saludables (alimentación, descanso, lectura, conversación, relajación…) ayudará a que las personas sean capaces de dar lo mejor de sí mismas cada día.

PRINCIPIO 7. CONEXIÓN

En un mundo hiperconectado podemos encontrar de todo a un simple clic. Una de las competencias digitales claves será aprender a discriminar entre lo que es útil y válido para nuestro propósito en un contexto de infoxicación y fake news. En el entorno corporativo (y en el académico) las empresas deberán ser capaces de hacer una correcta selección/curación para ofrecer contenidos adecuados a lo que los profesionales necesitan consultar en cada momento para resolver una duda de desempeño concreta. Quizá en este sentido los chatbots sean una solución a corto plazo.

Del mismo modo, la conexión puede entenderse como la capacidad para encontrar a personas con las que aprender y mejorar, tanto en nuestro ámbito profesional como fuera de él.

Conversar con personas diversas (de otras creencias, razas, orígenes culturales o formaciones académicas)  nos servirá para expandir nuestra visión del mundo y comprender que hay muchas maneras de ver una misma cuestión.

Para saber más:

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