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La educación digital no es solo cosa de niños

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Smartwatches, gafas de realidad aumentada, drones, ropa inteligente… Cada vez nos rodeamos de más dispositivos, gadgets y wearables que presuntamente nos ayudan a tener una mejor experiencia con nuestro entorno y con los demás. En este marco de digitalización de la vida cotidiana surge el concepto de competencias digitales, que se pueden definir como las habilidades para saber interactuar con el entorno digital de manera eficiente, práctica y segura. Estas competencias, de las cuales hay múltiples definiciones y agrupaciones (según la consultora que intente definirlas) intentan de alguna manera “actualizar” al contexto actual y al futuro a corto plazo las competencias clásicas, haciéndonos conscientes de qué conocimientos, habilidades y actitudes tendremos que tener para ser ciudadanos “digitales” y también profesionales “empleables” en un futuro ciertamente incierto.

Cuando trasladamos estamos mismas competencias a la infancia se disparan las alertas, buscando la prevención de los riesgos a los que los menores están expuestos en el entorno online. No hay barreras o controles inexpugnables, ni mucho menos certidumbre de qué están visitando, quién les contacta o cuál es el impacto que la relación actual de los menores con los dispositivos móviles, las redes sociales y las nuevas formas de relación puede tener en su futuro como adultos.

En este contexto surgen guías de educación digital como la diseñada por el Ayuntamiento de Barcelona, un excelente documento práctico con consejos útiles para que las familias tengan orientaciones básicas de cómo educar digitalmente a sus hijos. La guía toca temas tan sensibles como la relación del menor con las redes sociales, los juegos online, los sistemas de mensajería instantánea como WhatsApp o la pornografía.

Muchas de las recomendaciones que se sugieren a los padres para la mejor supervisión y educación de sus hijos son perfectamente reconvertibles en consejos para ellos mismos, y trasladables al contexto de las competencias digitales de los ciudadanos y profesionales del siglo XXI. Cabe recordar que formación no es lo mismo que aprendizaje o educación, y que estos consejos ayudan a ser más conscientes del mundo que está llegando.

En este sentido, reconvertimos a continuación algunos de los consejos para padres de la guía, y los trasformamos en orientaciones para el desarrollo de sus propias competencias digitales como adultos:

  1. Los dispositivos móviles son una herramienta más de ocio, entretenimiento y trabajo, no la única ni la mejor. Hay muchas otras actividades que se pueden y deben llevar a cabo físicamente, en soledad o con otros, y que nos ayudan a entender que el mundo real es donde se desenvuelve la vida: practicar algún deporte o afición, quedar con los amigos o estar en una reunión sin consultar cada 2 minutos el Smartphone o levantarnos a preguntar una duda a un compañero en vez de enviarle un mail son algunos ejemplos.
  2. Tabletas, smartphones, portátiles, smartTV, smartwathes… todos ellos son dispositivos que emiten luz y afectan a la vista. Estudios médicos indican que habrá cada vez más casos de miopía y degeneración macular por el tiempo que dedicamos a mirar pantallas radiantes a corta distancia. Limitar su uso y realizar ejercicios de relajación de la mirada tanto dentro como fuera del contexto laboral ayudarán a proteger nuestros ojos.
  3. “Si no sabes algo… pregúntale a Google”. Cuando no recordamos el nombre de un actor, dónde está una calle o qué significa “procrastinar” lo buscamos en Internet. Es lo que se llama “el efecto Google”. Nuestra memoria se resiente de ello, por un lado, y por otro tendemos a pensar que “todo lo que pone en Internet es cierto”. Saber buscar y discriminar información pertinente y útil será una de las competencias digitales clave de los trabajadores de este siglo.
  4. Las redes sociales son repositorios sin fin de entretenimiento, información curiosa o práctica, contactos útiles para nuestra vida profesional… Pero también son un arma de doble filo. Todo lo que hacemos, publicamos, comentamos, “likeeamos” o compartimos deja rastro. Ser conscientes de qué imagen trasladamos a los demás y diseñar y mantener una marca personal atractiva y sólida nos puede ayudar mucho profesionalmente, pero siendo conscientes siempre de que Internet no olvida.
  5. Conoce tus derechos: cualquiera puede publicar cualquier cosa sobre otra persona y dañar su reputación online. Hay muchos usuarios que ya están ejerciendo su derecho al olvido, pero también tenemos que saber que cualquier extorsión, acoso o uso inadecuado de nuestra imagen o datos puede ser denunciada. Del mismo modo, esto nos obliga a ser más conscientes de a quién dejamos entrar en nuestro círculo de intimidad, a qué niveles (amigos, conocidos, profesionales), y hasta qué punto nos interesa publicitarnos, tanto en lo personal como en lo profesional.

 

Pensar en los riesgos nos ayudará a prevenir y a controlar hasta dónde se extienden nuestras palabras, acciones o imagen por Internet, y por supuesto a trasladar estos mismos valores y enseñanzas a otros, ya sean los menores con los que interactuamos o los profesionales con los que trabajamos.

Para saber más:

Guía de Educación digital del Ayuntamiento de Barcelona: https://w110.bcn.cat/portal/site/Educacio/menuitem.8dcd2e8332f3494d6e808f73917409a0/?vgnextoid=7321d711764d3410VgnVCM1000001947900aRCRD&vgnextchannel=7321d711764d3410VgnVCM1000001947900aRCRD&lang=es_ES

Jarvis, Jeff. Partes públicas. Por qué compartir en la era digital la forma en que trabajamos y vivimos. https://books.google.es/books?id=FV8OvbAGp4YC&printsec=frontcover&dq=jeff+jarvis&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwij66-1gdXLAhXFWRQKHd5nCqMQ6AEILjAB#v=onepage&q=jeff%20jarvis&f=false

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