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El hombre corporativo vs. el profesional líquido

"En las religiones corporativas, como en otras, el hereje debe ser expulsado no por la probabilidad de que esté equivocado, sino por la posibilidad de que tenga razón". Sir Anthony Jay (1930-2016)

Hombre trabajando en una empresa del siglo XX
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El concepto de «organizaciones líquidas» emerge como una respuesta evolutiva a las críticas y observaciones planteadas por Sir Anthony Jay en su emblemático libroCorporation Man de 1972. En él, Jay profundiza con una visión antropológica en la psique de las estructuras de las corporaciones de mediados del siglo XX, presentando un escenario en el que el “hombre corporativo” (mayoritariamente pensado en masculino) es moldeado y se ve constreñido por las rígidas jerarquías, los juegos de poder y la burocracia de su entorno.

En “Corporation Man”, Jay caracteriza las organizaciones como estructuras jerárquicas estrictas en las que la conformidad y la adherencia a los procesos establecidos son vistas como virtudes. Este modelo, aunque parece eficaz para la estabilidad y la previsibilidad de las empresas, sofoca la creatividad individual y promueve una cultura de conformidad y evitación del conflicto que, además, limita la innovación y la velocidad de respuesta cuando el entorno cambia.

En contraste, las organizaciones líquidas apuestan por estructuras más flexibles y dinámicas, en las que potencialmente aumenta la adaptabilidad y la capacidad de respuesta a los cambios rápidos del mercado. Esta fluidez permite a su vez una mayor autonomía individual y genera entornos en los que la innovación y la experimentación no son solo bienvenidas, sino también necesarias para el éxito común.

Quizás la mayor semejanza entre las organizaciones del siglo XX retratadas por Anthony Jay y las actuales es la búsqueda constante de eficiencia y productividad. Sin embargo, mientras que en “Corporation Man” se podría inferir que dicha eficiencia se logra a través de la rigidez y el control (jerarquías marcadas, procesos estrictos), en los modelos más líquidos la eficacia se basa fundamentalmente en la descentralización de la toma de decisiones. Este matiz es clave, ya que postula que los entornos de trabajo que entienden, respetan, valoran y aprovechan la diversidad de pensamiento y fomentan la colaboración directa entre las personas -sin jerarquías en un sentido tradicional- son más capaces de navegar por los desafíos complejos a los que se van a tener que enfrentar.

En este mismo sentido, Jay describe un entorno en el que la identidad corporativa a menudo eclipsa la individualidad, moldeando a los empleados para que adopten máscaras sociales que les permitan encajar en moldes predefinidos (el subordinado vs. el líder). En contraste, las organizaciones líquidas promueven una cultura donde la individualidad no solo se respeta realmente, sino que se considera una fuente de fortaleza y creatividad. Esto no solo mejora la satisfacción y el bienestar del empleado, sino que también enriquece el ecosistema organizacional con una gama más amplia de perspectivas y soluciones a las situaciones o problemas a resolver.

Sin embargo, es importante señalar que la transición hacia organizaciones líquidas no está exenta de desafíos. El autoconocimiento, la humildad, el respeto y la confianza mutua son críticos, así como comprender y creer que el bien de la empresa constituye el bien de todos, y viceversa. Aquí el reto está no solo en conseguir eso, sino en crear un sentido sincero de comunidad, de pertenencia y de propósito compartido.

De este modo, la evolución desde el “Corporation Man” de Anthony Jay a las organizaciones líquidas de hoy refleja un cambio significativo sobre cómo las empresas perciben y valoran la estructura, las reglas de poder y el talento de las personas. Pretender romper con los paradigmas de los principios empresariales del siglo XX que aún perduran es un enorme desafío, aunque siempre se pueden acometer reformas significativas y realizar acciones que vayan haciendo a las empresas más permeables a cambios estructurales. Porque al abrazar la fluidez y la adaptabilidad, las organizaciones y las personas no solo pueden superar las limitaciones identificadas por Jay, sino también abrir nuevos caminos hacia la innovación, la resiliencia y el éxito sostenible.

Imagen de portada generada con Dall.e.

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