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Diseño instruccional: haciendo frente al abandono de los contenidos online

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Imagine que usted está interesado en un tema en concreto, por ejemplo, unas nuevas técnicas de liderazgo. Aprender en qué consisten y aplicarlas con su equipo es justo lo que necesita para renovar el ambiente en la oficina e incorporar un toque fresco de innovación a su departamento. Tiene la opción de apuntarse a un curso específico presencial de un año, o bien a un MOOC online que le ofrece los mismos contenidos y la ventaja de la flexibilidad de poder realizarlo desde casa en ratos libres. Teniendo en cuenta el poco tiempo del que dispone y lo difícil que sería desplazarse todos los días después del trabajo, opta por la opción virtual. Sin embargo usted, como aproximadamente el 90% de las personas que comienzan un MOOC, lo deja antes de terminarlo. ¿Qué tiene la formación online para que haya una tasa tan alta de abandono? ¿Por qué somos capaces de encontrar tiempo para acudir a un lugar a formarnos, y nos cuesta tanto ser rigurosos con nosotros mismos y seguir nuestra propia disciplina de aprendizaje flexible? ¿Hasta qué punto el diseño instruccional o didactización de los contenidos de un itinerario o de un MOOC condiciona que lo terminemos o no?

Que los MOOC sean gratis podría ser una razón de peso, ya que se suele valorar menos lo que no nos cuesta dinero. Otra de las razones está en la soledad, el aislamiento que sentimos al no poder relacionarnos con otros usuarios más que a través de herramientas virtuales: no tanto por la efectividad o el interés de la comunicación, sino porque nos da menos “vergüenza” faltar a una clase virtual antes que a una online, y nadie nos va a pedir explicaciones. Y una tercera causa de deserción podría radicar en el diseño instruccional de los recursos de aprendizaje.

Han pasado más de 15 años desde que el e-learning se institucionalizó como tal, y sin embargo hoy en día siguen encontrándose tanto en empresas como en instituciones educativas “módulos online” con el mismo concepto de diseño instruccional, diseño y navegación de hace lustros: una sucesión de pantallas con textos e imágenes o multimedia en las que se traslada el contenido de un manual a un formato visualizable a través de un dispositivo fijo o móvil. Muchas veces no se tiene en cuenta que las personas ahora quieren contenidos breves y directos, multimedia, tips fáciles de recordar e implementar, que les enseñen a hacer cosas ahora mismo y no después de leer páginas y páginas.

Evolucionando el concepto de diseño instruccional

El diseño instruccional o educativo se puede definir como la didáctica aplicada a la tecnología. Es el proceso por el que una persona aprende en soportes informáticos a través de diversas metodologías, escogidas y aplicadas en función del objetivo de aprendizaje y de las necesidades de desarrollo de cada colectivo. Es el detalle de lo que ve el usuario, el contenido preparado para su interiorización, más allá de estrategias de aprendizaje, de entornos personalizados o de datos de seguimiento. Es el “qué tengo que hacer para aprender”.

Por su contacto directo con el formando, el diseño instruccional debe seguir una serie de recomendaciones para evitar la deserción o abandono:

  • El contenido ha de ser relevante para el usuario, y diferenciar lo que es imprescindible y básico de lo que es accesorio o complementario. Si un contenido no es importante, no se de incluir: a nadie le gusta perder el tiempo.
  • Los textos deben ser directos y breves. No se trata de un post ni de un artículo periodístico, sino de convertir en tips fácilmente recordables los mensajes clave a transmitir, adecuando el estilo al interlocutor. Y por supuesto, deben evitarse los errores gramaticales u ortográficos.
  • La multimedia complementa o sustituye al texto. En la era de Instagram y YouTube, largos párrafos no serán atractivos para muchos usuarios, especialmente los más jóvenes. Además, el formando debe tener el control sobre lo que ocurre en su dispositivo: un vídeo que se ejecuta a todo volumen automáticamente puede ser muy desagradable si estamos aprovechando un trayecto en metro para estudiar.
  • Toda acción conlleva una reacción. A nadie le gusta hacer más de dos o tres clics para encontrar algo en una web o comprar un producto. En el caso de los recursos formativos online, menos es más: cuando más fácil sea llegar a lo que cada cual necesita, más efectivo será la navegación.
  • Dónde estoy y cuánto me queda. Los contenidos snack se caracterizan por ser breves, directos y estructurados de forma que en pocos minutos se hayan consumido. Y por supuesto, el usuario conoce la hoja de ruta de aprendizaje, es decir, para qué va a consumir el contenido y qué me va a reportar: para qué le va a servir y cómo lo puede poner en marcha lo antes posible.

Del mismo modo, el perfil del diseñador instruccional ha ido evolucionando con el tiempo:

  • Sobre el año 2000 se demandaba un perfil de profesional licenciado preferentemente en pedagogía, o incluso periodismo, capaz de convertir cualquier contenido en un formato óptimo para su aprendizaje en pantalla.
  • En torno a 2005, con la incorporación de la multimedia y el avance hacia nuevos formatos más interactivos de la mano de Flash, el perfil del diseñador educativo se asemejaba más al de un guionista hábil en el arte del storytelling.
  • En la actualidad, la eclosión de la gamificación y de la narrativa transmedia llega a los contenidos online, y se busca que cada pieza tenga en sí misma un sentido lúdico o forme parte de una estrategia de aprendizaje gamificada, multidispositivo e interactiva, donde el usuario es co-diseñador del contenido y, por tanto, más concienciado acerca de su responsabilidad en el éxito o fracaso de su propio desarrollo.

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