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Decálogo para el éxito o fracaso de un proyecto de Smart City

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Así como el siglo XIX fue el de los Imperios y el XX el de las naciones, el siglo XXI será el de las ciudades: se calcula que a mediados de este siglo la población urbana total de los países en vías de desarrollo será más del doble que en la actualidad, pasando de 2,3 mil millones en 2005 a aprox. 5,3 mil millones en 2050.

Para poder asumir este gran incremento población, las ciudades tendrán que ser capaces de gestionar los recursos y las fuentes de energía de manera más eficiente, mejorando la calidad de vida de las personas y su entorno a la vez que aseguran un rendimiento óptimo de los servicios. Esto se resume en el concepto de Smart City (Ciudad Inteligente), que debe considerar factores sociales, técnicos, políticos y funcionales para poder mantenerse de forma sustentable en el tiempo.

Una Smart City es un ecosistema complejo en el que coexisten diferentes agentes y operan diversas arquitecturas de sistemas o tecnologías que permiten llevar a cabo con mayor eficiencia los servicios a los ciudadanos.

En el caso de una ciudad existente tradicional, el camino hasta convertirse en Smart City requiere un esfuerzo superior al de una ciudad de nueva creación, ya que la urbe debe acometer cambios estructurales profundos para modernizar y/o digitalizar sus infraestructuras y servicios, con una visión global, trasversal y homogénea, sin dejar de funcionar en ningún momento.

Cuando se acomete un proyecto de esta envergadura, estos son los 10 factores clave que deben considerarse para que tenga éxito:

  1. Concretar el modelo actual de la ciudad, estableciendo el punto de partida, el objetivo final y cómo/con qué acciones y recursos cubrir el GAP.
  2. Definir los agentes implicados en la Smart City, empezando por el propio partido que gobierna el Ayuntamiento en ese momento, y continuando con los partidos de la oposición, asociaciones de empresarios y de comerciantes, empresas de suministro energético, entidades financieras, servicios públicos, proveedores, universidades, y por supuesto, los propios ciudadanos. Esto es fundamental ya que una Smart City es un proyecto a largo plazo y los gobiernos no duran más de cuatro años. El liderazgo debe venir desde el Ayuntamiento, y el modelo debe ser abierto e inspirador para captar emociones y encaminar esfuerzos hacia un objetivo común, más allá de ideologías.
  3. Elaboración de un plan de acción: Se deben prever costes y plazos, comunicando de forma transparente los avances y posibles desviaciones.
  4. Financiación y control económico: Al tratarse un proyecto de larga duración tiene que conocerse qué inversión implicará ahora, a corto plazo y a futuro. Un grave error es considerar el proyecto como fases independientes y no como pilar básico de un plan estratégico de desarrollo, ya que lanzar iniciativas aisladas no encaminará a la ciudad a su objetivo de convertirse en Smart en toda su complejidad.
  5. Comunicación: Este es un factor clave para el éxito, ya que los ciudadanos van a querer conocer dónde se invierte su dinero y si realmente lo que se está haciendo responde a sus necesidades. Las campañas de comunicación han de ser continuas y emocionantes, desde diversos canales, con mensajes positivos que refuercen el sentido de utilidad y pertinencia del proyecto (sobre todo en tiempos de ajustes económicos donde toda inversión tiene que estar justificada). Del mismo modo, deben contemplarse acciones de aprendizaje/formación “sobre el terreno” para las personas menos habituadas a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, no basta con instalar parquímetros digitales que admiten hasta cinco formas de pago; el Ayuntamiento es responsable de garantizar que cualquier persona, independientemente de su nivel de competencia digital o de sus características sea capaz de usarlo sin problemas (“la mejor interface es la que es transparente para el usuario”).
  6. Los estándares y la tecnología: Las soluciones tecnológicas han de ser maduras y estables, y sobre todo, usables para la mayoría de los ciudadanos. Siguiendo con el ejemplo de los parquímetros, es paradójico promover las ventajas del pago con medios electrónicos si no hay un servicio de Wifi pública en la zona que garantice una conexión con el Smartphone sin tener que usar el paquete de datos particular.
  7. La contratación: Es preciso justificar quiénes han sido los proveedores escogidos para el desarrollo de cada parte del proyecto y por qué. La transparencia de estas decisiones es fundamental para un gobierno abierto.
  8. La fase de implantación: Es fundamental informar a los ciudadanos y demás Stakeholders del estado del proyecto. Implicándoles y haciéndoles partícipes de que las iniciativas están siendo testadas y que se necesita su feedback, se controla la frustración en caso de posibles fallos, y se ve el error como oportunidad de mejora continua.
  9. La medición de resultados: Es necesario establecer cómo se hace, respecto a qué indicadores y métricas, cuál está siendo el ROI de la inversión y quién se responsabiliza de los resultados, especialmente si estos son mejorables.
  10. Auto-sustentación: Se debe dar respuestas a preguntas como: ¿qué plan de reinvención y sustentación creativa a futuro hay? ¿Cómo se va a hacer la comunicación de estas necesidades a ciudadanos y empresarios? ¿Cómo los empresarios pueden proponer acciones de mejora que a la vez sean una salida para nuevos productos, servicios o mercados? ¿Cómo el/los proyecto/s desarrollado/s y el modelo de Smart City propuesto van a adecuarse a las necesidades de la ciudad y de los ciudadanos a medio y largo plazo?

Un proyecto de Smart City puede durar entre 15 y 20 años. Las NTIC cambian constantemente y las que existen en la actualidad no serán las mismas que harán funcionar a la ciudad del futuro. Sin embargo, los modelos de gestión y gobierno de una ciudad evolucionan a un ritmo mucho más lento, por lo que es imprescindible unificar esfuerzos, más allá de ambiciones políticas coyunturales, para pensar y construir la ciudad hoy en la que viviremos los ciudadanos actuales, los que están por llegar y los que aún no han nacido.

Imagen: Sensores SmartPark San Francisco. https://vimeo.com/13867453

Referencias:

 

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