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Ada Lovelace y las carreras STEM

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“Las cosas están cambiando. No seré la última (en recibirlo)”. Elinor Ostrom, primera mujer galardonada con el premio Nobel de Economía, 2009.

Lovelace es el nombre de un lenguaje de programación inventado a finales de los años 70 para fusionar numerosos lenguajes. Hasta hace no muchos años, Ada Lovelace era recordada por ser “la hija de Lord Byron”, es decir, por quién la engendró, más que por sus incontables y notorias aportaciones a las matemáticas y a la informática. De hecho, así se la cita en el subtítulo de la biografía novelada “El algoritmo de Ada”, aunque su padre solo la conoció durante el primer mes de vida de la pequeña.

Ada Lovelace tuvo el infortunio de nacer en una época en la que una mujer casada no tenía ningún derecho. De hecho, “ni siquiera se la consideraba una persona jurídica distinta de la del marido. Todos sus bienes pasaban a ser de su cónyuge en el momento de casarse”. Para alejar a la niña de los excesos románticos del padre y convertirla en una mujer fuerte e independiente como ella, capaz de tomar sus propias decisiones, su madre, Annabella Milbanke, Lady Byron, la educó desde niña en una estricta disciplina matemática en la que la literatura y las artes no tenían cabida.

Esta formación en matemáticas, sumada a la inteligencia excepcional de Ada, la preparó para ser capaz no solo de comprender y desentrañar complejos problemas abstractos, sino de ir más allá en las formulaciones existentes y plantear nuevas vías de investigación. La joven Ada imaginó a los 13 años una máquina para volar. A los 19, después de conocer a Charles Babbage y su “máquina diferencial”, comenzó a pensar en algo que iba mucho más allá de una simple calculadora. Lovelace pensaba en un artilugio capaz de realizar cálculos prodigiosos e incluso digitalizar la música de tal manera que “la máquina podría componer piezas musicales todo lo largas y complejas que se quisiera”.

La relación de Ada Lovelace con las matemáticas era tan intensa como sugerente. Fue capaz de enlazar las matemáticas con la filosofía y la religión, y precisamente este salto cualitativo la convirtió en una de las figuras determinantes en la prehistoria de la informática.

Ada tenía todo lo necesario para ser una gran matemática: inteligencia, medios, tiempo, estatus y relaciones sociales. Sin embargo, su género la condenó a la ignominia y a ser tachada de histérica en su época, y al olvido más absoluto después de su muerte.

En la actualidad, más de 150 años después de su fallecimiento, se ha recuperado su figura en una época en la que se puede pensar que las niñas de la edad de Ada pueden optar a cualquier tipo de formación o carrera. Sin embargo, no es así. Las cifras de mujeres jóvenes que se interesan y cursan carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son preocupantemente bajas. Las razones se asocian a dos factores. Por un lado, los estereotipos asociados a estas carreras, tales como que son carreras “para chicos”, con un toque “friki” o de aislamiento social. Por otro lado, la falta de figuras femeninas conocidas y representativas en los ambientes tecnológicos y científicos.

Que no se conozcan por parte del público masivo científicas, matemáticas o ingenieras de relevancia histórica no significa que no hayan existido o que no hayan aportado avances relevantes a la historia de la humanidad. Significa, sencillamente, que las mujeres con relevancia histórica son ignoradas de forma sistemática.

Lo preocupante es que esta ignorancia es premeditada y consciente, y busca alejar a las niñas de un futuro que les pertenece. Un ejemplo sencillo y directo es el de la colección Playmobil de figuras históricas lanzada por Lego en 2016, en el que no había ni un solo personaje femenino entre sus 100 muñecos. Como indicó la directora general del Instituto Valenciano de las Mujeres, María Such, “el mensaje que están trasladando al público infantil es que todo lo que ha logrado la humanidad a lo largo de la historia lo han realizado solo hombres”. Such añadió que esto, “además de suponer una apropiación de los logros de las mujeres por parte de los hombres, pone de manifiesto un mensaje de cultura dominante patriarcal a la población más joven”.

El hecho es que las mujeres no estudian estas carreras STEM, lo cual está incapacitando a las jóvenes estudiantes de hoy para obtener un trabajo del futuro en igualdad de condiciones que sus colegas masculinos. El Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional (Cedefop)  destacó que para el 2020 la demanda de perfiles vinculados al STEM alcanzará el 14%, y que los jóvenes que estén preparados para estos empleos serán los más codiciados por las empresas.

Otro hecho es que en su informe de 2013 la UE presentó el informe She Figures, según el cual de cada 10 científicos solo 3 son mujeres. Eliminar los prejuicios asociados a estas carreras es parte de la educación que reciben de los padres, que deben saber identificar, filtrar y eliminar todos los pequeños “micro mensajes” que de forma subconsciente van dirigidos a profundizar en la brecha de género. Mensajes como los que aparecen en la ropa y juguetes infantil o juvenil de niños y niñas, mensajes como los trasmitidos por los ídolos musicales adolescentes, mensajes como que “las niñas son de letras y los niños de ciencias”.

No tiene sentido que el mundo se pierda las Adas Lovelace del futuro. La transformación digital está ocurriendo, se acelera cada vez más y las mujeres no pueden quedar excluidas de esta carrera simplemente porque están condicionadas subconscientemente por la sociedad. Las empresas que entiendan que la atracción del talento no entiende de géneros, que fomenten la diversidad y un liderazgo inclusivo serán las que capten a los mejores profesionales, independientemente de que hayan nacido con un género biológico u otro.

Para saber más:

[1] El algoritmo de Ada. James Eisinger. Lba, 2014. p. 24.

[2] El algoritmo de Ada, op.cit. p. 154.

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