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El futuro más humano de los robots

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“Crear una máquina consciente no es parte de la historia del hombre. Es la historia de los dioses.” Ex Machina. Alex Garland, 2015.

Según Hesíodo, Zeus ordenó a Hefestos que modelase una hermosa figura inspirada en las diosas, que fue dotada de gracia y sensualidad por Afrodita, del dominio de las artes por Afrodita y de inconstancia y mentiras por Hermes. Este “bello mal” llamado Pandora fue la primera mujer, creada por los dioses e introducida entre los humanos para castigar a Prometeo y, por extensión, a todos los varones.

Pandora, por Jules Joseph Lefebvre.

El sueño de crear mujeres u hombres a nuestra imagen y semejanza ha sido una constante a lo largo de la Historia. En el siglo XIX, E.T.A. Hoffman nos presentó a la misteriosa Olimpia en “Der Sandmann”,  una irresistible autómata que con su gracia y belleza lleva al incauto Nathanäel a la locura y la muerte. Volvemos a encontrarnos con un robot femenino encarnado en la falsa María de “Metrópolis”, la película de Fritz Lang de 1927, de nuevo concebida para proomover los disturbios y sembrar el caos social. Y saltando casi un siglo más, conocemos a Ava, la inteligente y delicada ginoide (androide femenino) que protagoniza una complicada historia de amistad y seducción en “Ex Machina”, película escrita y dirigida por Alex Garland en 2015.

Fotograma de Ex Machina, de Alex Garland.

Todas estas obras tienen en común la visión de desconfianza, recelo e incluso temor de la cultura occidental hacia los robots en general, los androides en particular, y muy específicamente las gineoides, hembras artificiales concebidas para confundir al hombre y desestabilizar el status quo. De hecho, cuando más parecida a una mujer verdadera es el diseño de la ginoide, más rechazo provoca.

Esta teoría es la que se resume bajo el concepto de Valle inquietante. En palabras de la Wikipedia, se trata de “una hipótesis en el campo de la robótica y animación por computadora en 3D que afirma que cuando las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos. El “valle” en cuestión es una inclinación en un gráfico propuesto, que mide la positividad de la reacción de las personas según el parecido humano del robot.” Dicho de otro modo, según se va pareciendo en androide o ginoide a un ser humano más rechazo provoca, hasta que su parecido es tan indistinguible que genera una aceptación y simpatía totales.

En la actualidad son muchos los esfuerzos de la robótica y de la inteligencia artificial por crear réplicas humanas que no solo se parezcan a nosotros, sino que piensen y sientan como nosotros. Pero mientras en occidente pervive ese “temor subconsciente” hacia los humanos robóticos que se podría enmarcar dentro del concepto de “lo siniestro” de Freud, en oriente y concretamente en Japón se hace una aproximación completamente distinta.

Según se explica en este interesantísimo artículo de Andrés Ortega, investigador del Real Instituto Elcano, a los japoneses les encantan los robots e invierten elevados presupuestos de I+D en conseguir la réplica humana artificial perfecta. Según Ortega, las razones son fundamentalmente tres:

  1. Razón 1: Los japoneses que ahora rondan los 40 o 50 años crecieron con dibujos animados y animes donde los robots eran aliados de las personas. El más claro exponente es Mazinger Z. En los mangas, los  robots son también amigos y compañeros de los niños, ayudándoles a salir a airosos de numerosas situaciones complicadas.
La mítica serie Mazinger Z
  • Razón 2: La religión sintoísta atribuye características animísticas a múltiples objetos, incluidos los robots. Al igual que en la sociedad occidental muchos dueños de mascotas atribuyen a sus perros o gatos sentimientos humanos, para un japonés no es difícil atribuir los mismos rasgos de personalidad al robot con el que convive 24 horas al día.
Robot-oso japonés ayuda a la rehabilitación a personas con discapacidad.
  • Razón 3. El gobierno japonés ha creado un plan específico llamado “Estrategia Nacional de Robot”, orientado a promover la introducción en múltiples ámbitos de la economía nipona: desde la producción fabril la construcción, la agricultura, el apoyo en desastres naturales y, por supuesto, la compañía en el hogar. No se trata de sustituir a las personas, sino de “llegar a hacer cosas que la gente no puede hacer.” De hecho, Japón es el país del mundo con más autómatas por trabajador. La industria 4.0 es imparable.
Autómatas en una fábrica 4.0.

Desde la Universidad de Osaka, el profesor Ishiguro trabaja en el campo de la neurociencia para comprender cómo funciona la inteligencia humana y ser capaces de “trasplantarla” a los robots. En su página web se pueden observar sus avances, sin duda sorprendentes. Aquí podemos encontrar entre otros a Komoroid, una presentadora que nos lee las noticias más relevantes de Internet.

Komoroid en http://www.geminoid.jp/en/index.html

En una sociedad altamente envejecida como la japonesa (no muy lejos de la de muchos países europeos) los androides y ginoides serán una gran ayuda para la rehabilitación y cuidado de los mayores, aunque no exclusivamente. ¿Cómo conviviremos con ellos? ¿Serán capaces de desarrollar, aprendiendo con y de nosotros, sentimientos y pensamientos propios?

Para saber más:

Por qué los japoneses aman a los robots. http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/05/05/actualidad/1462469697_487807.html

La edad y la dependencia impulsan la robótica. http://www.elmundo.es/tecnologia/2016/01/27/56a91ee5e2704e6d358b4629.html

Robot-oso japonés ayuda a personas con discapacidad. http://www.t13.cl/noticia/entretencion/tecnologia/robot-oso-japones-ayuda-a-personas-con-discapacidad

Valle inquietante. https://es.wikipedia.org/wiki/Valle_inquietante

Ginoide. https://es.wikipedia.org/wiki/Ginoide

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