La ilusión de controlar el futuro

Oráculo: "No te preocupes por el jarrón." (Neo se gira y accidentalmente rompe un jarrón) Neo: "¿Qué?" Oráculo: "Ese jarrón." Neo: "Lo... lo siento." Oráculo: "Te dije que no te preocuparas. Ahora la gran pregunta es: ¿lo habrías roto si yo no te hubiera dicho nada?" Matrix, 1999.

El pensamiento prospectivo y la anticipación del futuro han sido preocupaciones recurrentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, el modo en que los estrategas, gobernantes y líderes han abordado la cuestión ha variado significativamente a lo largo del tiempo, dependiendo de los marcos epistemológicos, los recursos intelectuales y los instrumentos disponibles en cada contexto histórico. Si bien la disciplina de diseño de futuros (future foresight) surge formalmente en el siglo XIX con el concepto de futuribles en Francia, la preocupación por prever y modelar el porvenir puede rastrearse en el pasado, si bien con metodologías y enfoques sustancialmente diferentes.

En la Antigüedad, la concepción del futuro estaba fuertemente vinculada a la religión, la adivinación y el destino. En Mesopotamia y Egipto, se recurría a sacerdotes y adivinos para interpretar signos en las estrellas, en el vuelo o en las vísceras de las aves o el comportamiento de los animales. En la Grecia clásica, los oráculos, como el de Delfos, desempeñaban un papel crucial en la toma de decisiones políticas y militares, proporcionando respuestas ambivalentes que requerían interpretación por parte de los líderes. En Roma, los augures y arúspices examinaban el futuro mediante el análisis de presagios, aunque también existía un pensamiento estratégico basado en la observación y el análisis político, como reflejan los escritos de Polibio y las estrategias de Julio César. En China, el pensamiento militar de Sun Tzu en El arte de la guerra (siglo V a.C.) y la doctrina de los legistas muestran una aproximación racional a la anticipación del futuro en términos de planificación y previsión del enemigo.

Mientras que durante la Edad Media la visión del futuro estaba fuertemente influida por el determinismo religioso y la creencia en la providencia divina -lo cual limitaba la idea de que los seres humanos pudieran moldear el porvenir de manera activa-, durante el Renacimiento surgió un pensamiento más secularizado, impulsado por el humanismo y el redescubrimiento de textos clásicos que promovían una visión más pragmática de la política y la estrategia.

En su obra El Príncipe (1532), Nicolás Maquiavelo analiza cómo los gobernantes pueden influir en el devenir político mediante la astucia y la adaptación a las circunstancias, aunque aún considera que la “fortuna” desempeña un papel crucial. En el siglo XVII se gira hacia un enfoque más pragmático de la planificación estratégica. Un ejemplo es Thomas Hobbes, que en Leviatán (1651) enfatiza la necesidad de un gobierno fuerte que anticipe los conflictos internos para mantener la estabilidad.

Este cambio gradual pero decidido en la concepción del futuro no solo respondió a transformaciones filosóficas y políticas, sino también al avance del método científico, que permitió un enfoque más sistemático en el análisis de fenómenos sociales y políticos.

La planificación a largo plazo, la diplomacia basada en el equilibrio de poder y la idea de que las acciones presentes condicionaban posibles escenarios futuros se consolidaron como principios fundamentales en el pensamiento estratégico «moderno».

El siglo XIX marca el nacimiento de la prospectiva como disciplina formal con el concepto de futuribles, acuñado por Charles Renouvier, quien postula la existencia de futuros posibles frente a un único destino, predecibles por así decirlo a través del análisis racional de tendencias. La industrialización y los avances científicos refuerzan la idea de que el futuro puede modelarse mediante la observación y el estudio de patrones sociales y económicos. Auguste Comte, a través de la sociología positivista, introduce la noción de que la sociedad sigue leyes predecibles, lo que sienta las bases para la planificación prospectiva, entendida como el proceso sistemático de exploración y construcción de futuros posibles a través del análisis de tendencias, escenarios y modelos predictivos, permitiendo a los tomadores de decisiones prepararse y moldear estratégicamente el porvenir.

Durante el siglo XX, la prospectiva se convierte en una disciplina estructurada, en el marco de la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría. Tanto la RAND Corporation en Estados Unidos como los futuristas soviéticos en la URSS desarrollaron sus propios modelos para anticipar o controlar conflictos, y así tomar ventaja en los cambios tecnológicos mediante el uso de simulaciones y análisis de tendencias. A partir de la década de 1960, Gaston Berger, Herman Kahn y otros investigadores comienzan a aplicar metodologías científicas para la construcción de escenarios futuros en diversos ámbitos, desde la economía hasta la política internacional.

En el siglo XXI, la disciplina se ha expandido hacia enfoques multidisciplinarios que incorporan inteligencia artificial, big data y modelos predictivos avanzados para evaluar futuros plausibles y deseables.

Este interés por alumbrar la incertidumbre que es lo que aún no ha ocurrido puede analizarse desde diferentes perspectivas. Desde una visión antropológica, la metodología de diseño de futuros refleja la necesidad de anticipar, planificar y dotar de sentido a la vida. En términos filosóficos, se pueden plantear interrogantes relacionados con el libre albedrío, el determinismo y la capacidad de las personas para influir en su propio destino. La reflexión psicológica podría sugerir que el desarrollo de este tipo de herramientas de previsión responde a la ansiedad y el temor frente a la incertidumbre, y por tanto funcionando como un mecanismo de control para reducir la percepción de caos en el entorno. Desde un punto de vista sociológico, el diseño de futuros se interpretaría quizás como una manifestación de la organización colectiva y la búsqueda de estabilidad en sociedades complejas, permitiendo a los grupos humanos establecer estrategias para su desarrollo y adaptación a cambios inesperados. Así, la prospectiva estratégica no solo es una técnica de planificación, sino un reflejo de la naturaleza humana y nuestra ilusión de sentir que podemos comprender y dar forma al futuro.

Para saber más:

  • Eramo, Imma (2024). El mundo antiguo en 20 estratagemas. Crítica.
  • Godet, M. (2001). Creating Futures: Scenario Planning as a Strategic Management Tool. Economica.
  • Kahn, H. (1967). On Thermonuclear War. Princeton University Press.
  • Miller, R. (2018). Transforming the Future: Anticipation in the 21st Century. Routledge.
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