Breve recorrido por la obra de Byung-Chul Han: La trampa de la productividad

"Hoy uno se explota voluntariamente creyendo que se está realizando." Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio (2010)

Hace unos meses, el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959) fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. Según el jurado, su obra demuestra “una capacidad extraordinaria para comunicar de forma precisa y directa nuevas ideas en las que se recogen tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente”. En los últimos años, Han se ha convertido en una referencia casi inevitable para cualquiera que intente comprender el malestar contemporáneo derivado de la tecnología y la exposición constante a las redes sociales. Sus libros son atractivos por su brevedad y su carácter casi aforístico, lo que han hecho que circulen a una velocidad y escala inusual para este tipo de ensayos filosóficos. Sus reflexiones sobre la “sociedad del cansancio” se citan con frecuencia en debates relacionados con la salud mental, la trampa de la productividad y, en general, con la cultura en la era digital. La irrupción masiva de la inteligencia artificial (IA) abre un escenario que invita a releer a Han desde otra perspectiva.

¿Qué ocurre cuando la lógica del rendimiento, la tecno-euforia y la autoexplotación que él describe se amplifica mediante sistemas capaces de producir, optimizar y decidir a una escala nunca vista? ¿Cómo se transforma el sujeto cuando la IA no solo organiza el mundo, sino que empieza a dominar también nuestra atención, lo que pensamos, lo que hacemos o sentimos?

En este post se propone un breve recorrido por algunos de los ensayos más conocidos de Han orientados específicamente a entender el papel de la inteligencia artificial en la configuración de la vida contemporánea. No se trata de forzar una relación artificial entre ambos, sino de intentar elucubrar cómo las reflexiones de Han son interesantes para pensar en la IA, y cómo la IA, a su vez, ilumina aspectos de su obra que quizá no habían sido explorados.

Una sociedad sin negatividad

Según Han, la sociedad contemporánea ha eliminado la negatividad de las relaciones. Ya no vivimos bajo el mandato disciplinario del “debes” (ligado al esfuerzo y al trabajo), sino bajo la seducción del “puedes” (ligado al autoconocimiento y la confianza plena en uno mismo). El trabajador no obedece órdenes externas de su contratador, sino que se auto explota en nombre de su libertad y de su supuesta realización personal. Han relaciona esta positividad excesiva con la hiperactividad y la multitarea a todas horas y en todo contexto, lo que genera patologías como el burnout, la depresión y la ansiedad. Apunta a que la inteligencia artificial no es la “culpable” de estos fenómenos, pero sí es un instrumento intensificador de los mismos. La IA promete más eficiencia, más velocidad, más automatización, más personalización y, sobre todo, disponibilidad permanente. Promete eliminar tus errores, tus carencias creativas, el tiempo que dedicas a pensar… para que puedas centrarte en entregar, en producir, en generar contenido rápidamente, aunque sea repetitivo y superfluo.

La inteligencia artificial viene a eliminar los tiempos muertos, los tiempos para pensar y para cometer errores. Viene con la promesa de un mundo sin negatividad. Pero Han nos recuerda que la negatividad, entendida no solo como errar, sino como ofrecer resistencia a algo, debatir y generar conflictos, es algo inherente al ser humano.

Sin negatividad no hay deseo ni contemplación de la otredad. No hay puntos de vista alternativos, aunque no nos gusten. Con la IA, al optimizarlo todo, se corre el riesgo de generar un mundo liso, pulido, impecable… pero también profundamente empobrecido y estéril, condescendiente y evitativo del conflicto.

El sujeto del rendimiento y la IA como espejo

Continuando con la línea de pensamiento previa, una de las trampas más comunes que denuncia Han es la de considerarnos “empresarios de nosotros mismos”. Esto es lo que describe en La sociedad del cansancio (2012), donde relata cómo el sujeto se convierte en un individuo que se explota a sí mismo en nombre de la productividad personal frente a la de los demás, sean quienes sean esos otros. Las herramientas de productividad, los asistentes inteligentes, los sistemas de valoración y recomendación de las redes sociales… todo parece orientado a convertirnos en versiones más eficientes de nosotros mismos, en versiones ideales lo que se supone que es ser un humano altamente productivo. Pero como en todo pacto con el diablo, la eficiencia prometida tiene un precio, y es que la IA nos arrebata esos momentos iniciales en los que nos tenemos que enfrentar a un problema, y nos relega a la última parte, la de la ejecución.

Para Han, el peligro no está en que la IA nos sustituya o desplace, sino en que nos obligue a competir con ella. El trabajador del rendimiento compulsivo se comparaba constantemente consigo mismo, pero es que, además, ahora también se compara con unos sistemas que no se cansan ni se frustran.

Dicho de otro modo, la auto explotación se vuelve aún más intensa cuando el estándar de productividad ya no es humano, sino artificial.

La infocracia y la omnipotencia del algoritmo

En su célebre ensayo Infocracia (2022), Han describe un nuevo régimen de poder basado en los datos y la predicción del comportamiento, en el que la IA está situada en el centro. En vez de prohibir, el algoritmo recomienda, con lo cual nos sentimos libres de decidir cuando, en realidad, no tenemos más opción que la sugerida de forma subrepticia. El filósofo advierte sobre la rapidez con la cual nuestra atención se dispersa y fragmenta, y lo que eso supone para nuestra capacidad de elección. Al no ser conscientes de los mundos virtuales (entendidos como las redes sociales, mails, etc.) que reciben otros usuarios en sus smartphones, suponemos que el nuestro es único y, por supuesto, mejor. La consecuencia es una sociedad donde ya no compartimos un espacio común, sino una multiplicidad de microesferas informativas. Han nos invita a desconfiar de la supuesta neutralidad de los algoritmos, ya que detrás hay una estructura de poder, una infocracia, entendida como toda una forma de gobierno diseñada para acaparar nuestra atención y nuestro tiempo.

El smartphone, la mano y el dedo

Han dedica numerosas páginas de sus ensayos a analizar la transformación de la experiencia táctil en la era digital. El smartphone, dice, ha sustituido la mano por el dedo. Frente a la manipulación del mundo que permite la mano, el dedo se limite a señalar y escoger. Cuando pedimos a un asistente inteligente que nos recomiende un restaurante, que nos organice la agenda o que nos resuma un texto, estamos delegando funciones cognitivas que antes requerían de nuestro tiempo y esfuerzo. Esta delegación no es negativa en sí misma, pero sí transforma nuestra relación con el mundo. La IA se convierte en un mediador permanente, un filtro que decide qué vemos, qué ignoramos y qué decidimos delegar. Han diría que esta mediación reduce la experiencia del otro. El otro se vuelve incómodo y lento, incluso irritante, mientras que la IA es dócil y lisonjera, y está siempre disponible.

El riesgo de aceptar la IA y sus promesas sin ofrecer resistencia (pensamiento) es que acabemos prefiriendo la compañía de sistemas que, al no contradecirnos, no nos desafían y no nos exigen nada: ni tiempo, ni esfuerzo.

La estética de lo pulido

Otro de los textos más interesantes de Han es La salvación de lo bello (2015), donde analiza la estética contemporánea. En él, el filósofo sostiene que vivimos en la cultura de lo pulido. El smartphone es liso, no ofrece fricción al ser manipulado. Esta estética pulida y sin aristas es la que ofrece la IA generativa, con sus imágenes equilibradas y perfectas, de colores suaves y composiciones estéticamente agradables. Para Han, esta estética de la IA elimina la negatividad del arte. Afirma que las creaciones artificiales pueden ser inquietantes o incluso siniestras, pero raramente exigen algo del espectador, más allá del efecto de sorpresa inicial que pueden suscitar.

El narcisismo digital y la IA como espejo infinito

Continuando por este breve recorrido sobre algunas de las obras de Han, llega el turno de La agonía del Eros (2014). En este ensayo, el filósofo sostiene que el narcisismo contemporáneo no es un exceso de amor propio, sino un vacío del yo que necesita exhibirse constantemente.

La IA amplifica nuestro narcisismo al ofrecernos espejos cada vez más lisonjeros, en forma de filtros que nos embellecen y nos devuelven versiones idealizadas de nosotros mismos. La IA nos imita, y al imitarnos, nos seduce. Nos hace sentir comprendidos y nos valida, lo cual es engañoso, ya que la comprensión no proviene de otro sujeto, sino de un reflejo algorítmico de nuestro ego.

El Eros, la pasión, requiere fricción y seducción…. Pero la IA elimina esa resistencia, y nos encierra en un bucle narcisista donde todo ocurre por y para nosotros mismos.

Recuperar la contemplación en la era de la IA

Llegando al final de este viaje por la obra de Han, reflexionamos sobre dos escritos, Elogio de la inactividad (2022) y Vida contemplativa (2023). En ellos, propone recuperar la pausa y la atención profunda como algo intrínsecamente humano, ya que la IA no contempla ni piensa, solo analiza y produce. La IA no puede demorarse ni experimentar la pasividad. Para Han, la contemplación es una característica diferencial de las personas, ya que significa que somos capaces de relacionarnos con el mundo sin exigir nada a cambio, sin la necesidad de producir algo.

La contemplación es tener la capacidad de disfrutar de un café sin hacer una foto. De estar en un concierto sin grabar un vídeo. De pensar en alguien a quien se ama sin mandarle un selfie de nosotros mismos. De leer un libro sin producir un reel. Es la capacidad, por tanto, de relacionarnos con el mundo sin reducirlo a datos, sin convertirlo en un contenido, sin exigirle rendimiento.

Porque al generar recursos digitales sin reflexionar en el para qué los producimos, nos convertimos en esclavos de aquello que más nos deshumaniza.

Imagen de portada generada con Freepik.

Para saber más: 

Obras mencionadas en este post:

  • Han, B.-C. (2011). Shanzhai: El arte de la falsificación y la deconstrucción en China. Madrid: Siruela.
  • Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.
  • Han, B.-C. (2014). La agonía del Eros. Barcelona: Herder.
  • Han, B.-C. (2015). La salvación de lo bello. Barcelona: Herder.
  • Han, B.-C. (2022). Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia. Barcelona: Taurus.
  • Han, B.-C. (2022). Elogio de la inactividad. Barcelona: Herder.
  • Han, B.-C. (2023). Vida contemplativa. Barcelona: Taurus.

algoritmosByung-Chul Haninteligencia artificialinteligencia artificial generativa
Comments (0)
Add Comment